Balder
Martes, 3 de Agosto de 2004 a las 13:13
No creo que Teléfono rojo sea una película al uso para reír. No creo que fuera ese el objetivo de Kubrick, sino el de mostrar su angustia, una angustia en una situación histórica muy concreta, la de la Guerra fría. Y en esto es absolutamente brillante... y realista. Todos los mecanismos, el intrincado sistema de control, la paranoia para mantener la seguridad, son coherentes. Las reacciones humanas son sobrecogedoramente lógicas.
Creo que los actores se quejaban de que Kubrick les hacía repetir muchas tomas y que, más tarde, en la sala de montaje, escogía aquellas en las que estaban más pasados. Esos actores pasados, esos encuadres llenos de tensión, la ironía (por ejemplo la maravillosa idea de la canción romántica acompañando al final), es lo que le dan a esta película su sello, que sintamos inquietud y no solo inquietud, sino indignación. Una crítica muy frecuente que se le suele hacer es que como ya no hay Guerra fría y lo que esta película criticaba era la Guerra fría, ha dejado de tener vigencia (maravilloso, entonces El quijote ha dejado de tener vigencia porque era un libro que criticaba a los libros de caballería, y como ya no se escriben libros así...). Pues bien, Teléfono rojo no es una película sobre la Guerra fría, es una película sobre cómo nuestra competitividad, como los grupos humanos altamente jerarquizados, donde las hormiguitas de forman la base no cuestionan lo que desde arriba se les ordena, como esos sistemas perfectos preparados para resistir cualquier estrategia enemiga se desmoronan. Sobre cómo en nuestra lucha por la supervivencia y la supremacía, podemos llegar a nuestra propia destrucción.
Más que una comedia, estaría de acuerdo en incluir a este largometraje en el género de terror, pues es eso mismo lo que de manera inigualable transmite.