Wes Craven sorprendió a propios y extraños cuando volvió con un éxito de primer orden como fue SCREAM. Todo ello cuando parecía que terminaría en subproductos televisivos y films de terror de serie Z. Este primer capítulo establece una relación directa con los espectadores, a quienes dirige algunas de sus secuencias; poniendo en relieve cierta complicidad. SCREAM es un film de terror que coquetea con la (auto)parodia más irónica. La propuesta de Craven y su guionista Williamson (quienes ahora preparan CURSED) es clara: una vez quedan abolidas las reglas del género xq sus espectadores las conocen a la perfección y es difícil sorprenderlos y/o asustarlos con sus viejos trucos, lo mejor es proponer un juego consciente donde se diluyan las fronteras entre lo fingido y lo real, entre la cita paródica de otros títulos del género y el propio planteamiento de la película (uniéndome a la tesis que Hilario J. Rodriguez plantea en su espléndido libro "El museo del miedo"). Dotada de un trepidante ritmo, continuas referencias cinéfilas y bombardeo de sustos, un planteamiento tópico a primera vista pero que se torna totalmente original, todo ello respaldado de un ingenioso guión urdido por Kevin Williamson, un magistral, brutal, memorable y redondo prólogo con Drew Barrymore, que termina colgada con las tripas fuera... Quizás exagerando un poco, pero que coño, obra maestra, pese a quien pese. Mis aplausos señor Craven.

La lista de sucedáneos y/o imitaciones fue interminable. Y la verdad es que creó una moda bastante asquerosa, más que nada por la oleada de subproductos adolescentes de "miedo" para niños pijos. Nada más que objetar.
