Tom Cruise se pone cuatro pelos peinados para tapar la calva, papada y botas de cowboy para Iñárritu en una sátira negrísima sobre el petróleo y el clima. Salgo del cine convencido de que es un peliculón, y de que no se la recomendaría a cualquiera.
Sinopsis
Curtis Markson es el actor protagonista de Fossil Fools, una sátira teatral sobre Digger Rockwell, el magnate del petróleo más poderoso del mundo. En pleno ensayo, a días del estreno, se entera de que su hija iba en un avión que ha desaparecido después de cruzarse con un huracán, y el productor de la obra, Kenny, se ofrece a localizarla con su propia red de información. Mientras tanto, sobre el escenario, Rockwell explota yacimientos en Alaska y Groenlandia con la bendición del presidente Compson, hasta que una explosión desprende una plataforma de hielo del tamaño de Maryland y la manda derecha hacia Europa. Entre los dos deciden que lo más sensato es no contárselo a nadie.
Crítica
Puntuación del crítico9Acabo de salir de ver Digger y todavía voy un poco flipado por la calle. Primero el veredicto, que luego me enrollo: es un peliculón. Pero no es para todos los públicos, y no lo digo por decir.
Es una sátira mordaz. De las que muerden. Hay ratos en los que es muy fuerte, muy intensa, y otros en los que te suelta una verdad detrás de otra sobre el medio ambiente y sobre cómo funciona el mundo ahora mismo, y te quedas pegado a la butaca sin saber si reírte o salir corriendo a desenchufar la nevera.
El planteamiento ya tiene su miga. Lo que ves es una obra de teatro metida dentro de la película: Tom Cruise hace de Curtis Markson, el actor que interpreta en el escenario al magnate del petróleo Digger Rockwell, y la obra y la vida de los actores se van liando la una con la otra. Por debajo de todo eso hay una especie de paradoja medioambiental que no se ve entera hasta el final. No cuento más, que la gracia está en descubrirla ahí sentado.
Los actores están fantásticos y la caracterización es impresionante. A Cruise no lo reconoces: cuatro pelos peinados para tapar la calva, papada, barriga y botas de cowboy, y se nota que se lo está pasando como un chiquillo. John Goodman, como el presidente Compson, se pasa media película más pa allá que pa acá, y aun así gobierna (o algo parecido). Riz Ahmed es el científico al que nadie escucha, que es con diferencia el personaje más realista del reparto :)
Hay que verla en IMAX. Esto no es un capricho. Iñárritu la ha rodado con Emmanuel Lubezki en VistaVision, en 35 mm, y cada plano está pensado al milímetro. Los personajes salen todo el rato perfectamente encuadrados, casi siempre vistos ligeramente desde abajo, para que parezcan gigantescos cuando no lo son: cuatro señores bastante pequeños tomando decisiones gordísimas. En una pantalla normal eso se pierde. En IMAX te pasa por encima, y entiendes de golpe lo que querían hacer.
Y con todo eso, es entretenida. Es una comedia de verdad, aunque de humor muy, muy negro. El gato de Digger, Maggie, está casi muerto y él lo cuida como si fuera lo último vivo que queda en el planeta; el presidente está casi muerto también, todo el rato; y cuando el hielo empieza a moverse hacia Europa, la solución que se les ocurre es no decírselo a nadie, a ver si se arregla solo. Una técnica de gestión de crisis que, por lo que sea, a los españoles nos suena de algo =D
A ratos me ha recordado muchísimo a los hermanos Coen, y sobre todo a El gran salto (The Hudsucker Proxy), que es una de mis películas favoritas. Como si Digger fuera el mejor alumno de aquella clase: hay secuencias que podrían haber salido de sus grandes películas, con ese mismo gusto por ver a gente muy poderosa haciendo el ridículo con toda la seriedad del mundo.
La crítica americana se ha partido por la mitad. Rotten Tomatoes la deja en un 50% de reseñas positivas sobre más de doscientas, y Metacritic en un 45 sobre 100. Peter Bradshaw, en The Guardian, le da un 2 sobre 5; Robbie Collin, en The Telegraph, un 4 sobre 5, y la llama el ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú de la crisis climática. Yo me pongo con Collin sin pensármelo mucho.
Así que no se la recomendaría a todo el mundo. Te tiene que gustar este tipo de cine, el que te incomoda y se ríe de ti mientras te incomoda. Si es tu caso, no te la pierdas, y en IMAX. Si no, hay más películas en la cartelera, chiquillo. Tela marinera la que ha liado Iñárritu, vamos.
Es una sátira mordaz. De las que muerden. Hay ratos en los que es muy fuerte, muy intensa, y otros en los que te suelta una verdad detrás de otra sobre el medio ambiente y sobre cómo funciona el mundo ahora mismo, y te quedas pegado a la butaca sin saber si reírte o salir corriendo a desenchufar la nevera.
El planteamiento ya tiene su miga. Lo que ves es una obra de teatro metida dentro de la película: Tom Cruise hace de Curtis Markson, el actor que interpreta en el escenario al magnate del petróleo Digger Rockwell, y la obra y la vida de los actores se van liando la una con la otra. Por debajo de todo eso hay una especie de paradoja medioambiental que no se ve entera hasta el final. No cuento más, que la gracia está en descubrirla ahí sentado.
Los actores están fantásticos y la caracterización es impresionante. A Cruise no lo reconoces: cuatro pelos peinados para tapar la calva, papada, barriga y botas de cowboy, y se nota que se lo está pasando como un chiquillo. John Goodman, como el presidente Compson, se pasa media película más pa allá que pa acá, y aun así gobierna (o algo parecido). Riz Ahmed es el científico al que nadie escucha, que es con diferencia el personaje más realista del reparto :)
Hay que verla en IMAX. Esto no es un capricho. Iñárritu la ha rodado con Emmanuel Lubezki en VistaVision, en 35 mm, y cada plano está pensado al milímetro. Los personajes salen todo el rato perfectamente encuadrados, casi siempre vistos ligeramente desde abajo, para que parezcan gigantescos cuando no lo son: cuatro señores bastante pequeños tomando decisiones gordísimas. En una pantalla normal eso se pierde. En IMAX te pasa por encima, y entiendes de golpe lo que querían hacer.
Y con todo eso, es entretenida. Es una comedia de verdad, aunque de humor muy, muy negro. El gato de Digger, Maggie, está casi muerto y él lo cuida como si fuera lo último vivo que queda en el planeta; el presidente está casi muerto también, todo el rato; y cuando el hielo empieza a moverse hacia Europa, la solución que se les ocurre es no decírselo a nadie, a ver si se arregla solo. Una técnica de gestión de crisis que, por lo que sea, a los españoles nos suena de algo =D
A ratos me ha recordado muchísimo a los hermanos Coen, y sobre todo a El gran salto (The Hudsucker Proxy), que es una de mis películas favoritas. Como si Digger fuera el mejor alumno de aquella clase: hay secuencias que podrían haber salido de sus grandes películas, con ese mismo gusto por ver a gente muy poderosa haciendo el ridículo con toda la seriedad del mundo.
La crítica americana se ha partido por la mitad. Rotten Tomatoes la deja en un 50% de reseñas positivas sobre más de doscientas, y Metacritic en un 45 sobre 100. Peter Bradshaw, en The Guardian, le da un 2 sobre 5; Robbie Collin, en The Telegraph, un 4 sobre 5, y la llama el ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú de la crisis climática. Yo me pongo con Collin sin pensármelo mucho.
Así que no se la recomendaría a todo el mundo. Te tiene que gustar este tipo de cine, el que te incomoda y se ríe de ti mientras te incomoda. Si es tu caso, no te la pierdas, y en IMAX. Si no, hay más películas en la cartelera, chiquillo. Tela marinera la que ha liado Iñárritu, vamos.
Imágenes: Warner Bros. Pictures / Legendary Pictures.
