El boxeador más grande de todos los tiempos
Sinopsis
Repaso a la vida del boxeador Cassius Clay, más conocido como Muhammad Alí, considerado por la crítica especializada como el más grande de todos los tiempos.
Crítica
Puntuación del crítico6Biopic sobre el gran púgil norteamericano y su conflictiva vida de la mano de Michael Mann. El director, como ya hiciera en El dilema le da al film un aspecto más realista, crudo y documental mediante la desaturación de los colores de la cinta y la aplicación de la cámara en mano. El film repasa los acontecimientos más conocidos en la vida del boxeador estadounidense como su activismo pro-Islam, su amistad con Malcolm-X o su negativa a ir a Vietnam, procurando cuidadosamente mostrar como el héroe cae hasta lo más bajo para renacer de sus cenizas y terminar con la gloria de la mítica pelea en Zaire con George Foreman (por cierto, muy bien rodados todos los combates de boxeo). El principal problema del film, como con toda biografía, es lo sesgado de su narrativa, pasando de puntillas sobre algunas partes de la vida del sujeto en cuestión, lo que desorienta al espectador ante el rápido avance de la historia. Así es fácil ver al protagonista conocer a una mujer, a la escena siguiente estar casado con ella y a la siguiente tramitando el divorcio.
El mayor hallazgo de la película, indudablemente, es la excelente caracterización de Will Smith como Alí, que le valió elogios y reconocimientos a partes iguales y que por primera vez en su carrera se desliga de la imagen de negrito enrollao y guay que venía arrastrando desde el Príncipe de Bel Air. También es destacable ver a un actor como Mario Van Peebles bordar a Malcolm X.
En resumen, me da a mí que Michael Mann siempre quiere quedarse en el punto intermedio entre cine comercial y de autor, intentando contentar a ambas partes con una decisión salomónica que más bien provoca justo lo contrario (como en mi caso).
El mayor hallazgo de la película, indudablemente, es la excelente caracterización de Will Smith como Alí, que le valió elogios y reconocimientos a partes iguales y que por primera vez en su carrera se desliga de la imagen de negrito enrollao y guay que venía arrastrando desde el Príncipe de Bel Air. También es destacable ver a un actor como Mario Van Peebles bordar a Malcolm X.
En resumen, me da a mí que Michael Mann siempre quiere quedarse en el punto intermedio entre cine comercial y de autor, intentando contentar a ambas partes con una decisión salomónica que más bien provoca justo lo contrario (como en mi caso).
Aguirregaray


