Sinopsis
Ed, un joven anónimo que trabaja en un videoclub, decide aceptar la oferta económica de una cadena de televisión para filmar su vida en directo durante las 24 horas del día.
Crítica
Puntuación del crítico4Aunque fechada un año después que "El Show de Truman" (1998), "Ed TV" (1999) fue la película que intentó plantar cara a la obra de Peter Weir, al abordar ambas el morbo de los telespectadores de cara a los "Reality Shows".Una rivalidad parecida a la ocurrida con la vomitiva "Armageddon" y "Deep Impact", salvo que aquí el dominio de Weir sobre Ron Howard es aplastante.
Si Weir nos relataba las maquinaciones y engaños a los que someten a un pobre diablo en pro de la audiencia, Howard opta por centrarse en la irrompibilidad de los contratos ofertados por las cadenas de televisión.Unos derroteros muy diferentes pues, si la primera era un espectacular y oculto montaje rematado con elementos de ciencia-ficción, la segunda es una comedia realista cuyo protagonista entra en el juego por propia voluntad.
Unas diferencias que se tornan pequeñas si se comparan con sus calidades.Así, la obra de Carrey era un auténtico drama sazonado de humor ácido.Una producción rodada con originalidad y no poca mala baba que destacó por su aspecto innovador, su estética experimental y su carga de crueldad.
Howard, por contra, carece de las virtudes de Weir, limitándose a contarnos los devaneos de un don nadie con la fama repentina.No obstante, Ron no aporta nada nuevo.Su estética es vulgar, sus tintes cómicos no provocan risa alguna y los resultados distan mucho de los logrados por su colega en "El Show de Truman" (1998).
A ello hay que añadir el aspecto inocentón y políticamente correcto de toda la película, no faltando un happy end hiperglucémico y un sentimentalismo ñoño.Empero esas son las señas de identidad de este ex-niño prodigio metido a director.Unas señas fáciles de hallar al observar la impotencia del protagonista ante las ferreas cláusulas de su contrato.En este sentido debe recordase que Howard es uno de los directores más cobardes de Hollywood, en tanto que siempre se mueve por terrenos algodonados y éticamente intachables.La corrosión, la desproporción y las ideas arriesgadas no casan con su estilo conservador.
Ciertamente, puestos a buscar reacciones, resulta mucho más contundente y loable la violencia de Schwarzenegger en los últimos minutos de "Perseguido" que la de Matthew McConaughey.
En resumen: Superficial y edulcolorado análisis sobre las consecuencia de la fama en la vida de las personas.Y encima el insoportable de Woody Harrelson de por medio...
Si Weir nos relataba las maquinaciones y engaños a los que someten a un pobre diablo en pro de la audiencia, Howard opta por centrarse en la irrompibilidad de los contratos ofertados por las cadenas de televisión.Unos derroteros muy diferentes pues, si la primera era un espectacular y oculto montaje rematado con elementos de ciencia-ficción, la segunda es una comedia realista cuyo protagonista entra en el juego por propia voluntad.
Unas diferencias que se tornan pequeñas si se comparan con sus calidades.Así, la obra de Carrey era un auténtico drama sazonado de humor ácido.Una producción rodada con originalidad y no poca mala baba que destacó por su aspecto innovador, su estética experimental y su carga de crueldad.
Howard, por contra, carece de las virtudes de Weir, limitándose a contarnos los devaneos de un don nadie con la fama repentina.No obstante, Ron no aporta nada nuevo.Su estética es vulgar, sus tintes cómicos no provocan risa alguna y los resultados distan mucho de los logrados por su colega en "El Show de Truman" (1998).
A ello hay que añadir el aspecto inocentón y políticamente correcto de toda la película, no faltando un happy end hiperglucémico y un sentimentalismo ñoño.Empero esas son las señas de identidad de este ex-niño prodigio metido a director.Unas señas fáciles de hallar al observar la impotencia del protagonista ante las ferreas cláusulas de su contrato.En este sentido debe recordase que Howard es uno de los directores más cobardes de Hollywood, en tanto que siempre se mueve por terrenos algodonados y éticamente intachables.La corrosión, la desproporción y las ideas arriesgadas no casan con su estilo conservador.
Ciertamente, puestos a buscar reacciones, resulta mucho más contundente y loable la violencia de Schwarzenegger en los últimos minutos de "Perseguido" que la de Matthew McConaughey.
En resumen: Superficial y edulcolorado análisis sobre las consecuencia de la fama en la vida de las personas.Y encima el insoportable de Woody Harrelson de por medio...



