Sinopsis
Una serie de fenómenos extraños en el planeta Hyperión lo han convertido en el nudo cuyo desenlace marcará el destino de la civilización. En el centro de la tormenta un misterioso alienígena amoral, el Alcaudón, retuerce las vidas de todos los que lo encuentran.
Crítica
Puntuación del crítico6Vaya por delante que si hay algo que detesto de la CF es su tendencia a describir paisajes enteros acudiendo a un recargado vocabulario parcialmente inexistente que se presupone nos transporta a una situación futura donde los esteroproctos lapislázulis de los feroces rúnidos girónidos del terraformado segundo planeta de Gamma-Centauri son tan naturales al lector como las patitas de los conejitos australianos. Ni mencionemos siquiera aquellos escritores que creen que la abundancia de adjetivos es un signo inequívoco de buena literatura...
Afortunadamente según avanza la lectura de Hyperion su autor, Simmons, olvida este lastre narrativo y pasa a introducir el vocabulario nuevo poco a poco, sin pretender apabullar con ese típico tic de escritor insuficiente. Poco a poco, y pese a la sensación de que algunos pasajes están medidos con calzador (y más adelante volveré sobre esto), la lectura de Hyperion se hace más sencilla, fluida, por mucho que su estructura ayude más a mostrar las carencias de Simmos que a ocultarlas.
En cuanto a la novela misma, y considerada ésta como una historia independiente y no como parte de la trilogía que acabaría siendo, es apenas una excusa para engarzar media docena de relatos largos, cada uno con un estilo y un protagonista diferentes, que giran todos alrededor de una figura casi mítica como es el Alcaudón. Pasando revista desordenada de cada uno de estos cuentos podemos encontrar desde el terror a la aventura espacial, pasando por la historia-ficción o el género policiaco, siendo el nivel de los mismos dispar, como en cualquier antología. Quizás haya que resaltar que, aunque cada una de estas narraciones se supone ideada expresamente como parte del puzzle que es Hyperion, da la sensación, sobre todo en el primer cuento, que Simmons ha reciclado textos e ideas previas, forzándolos a ajustarse a la trama general, a veces de manera bastante burda. Con todo, esas seis historias por separado contienen muy buenas ideas que están suficientemente bien contadas como para hacer recomendable la lectura de la novela.
Pero, ¿es Hyperion realmente una novela? ¿No es más un conjunto de cuentos enlazados con un McGuffin que sirven a Simmons para contruir un marco, un universo, donde poder contar, al fin, la historia que él quiere...? ¿O bien es al contrario? ¿Y si sólo el éxito de las ventas obligó al autor a contar el origen y destino de esa tan útil y poco interesante excusa de tres metros de humanoide cromado que sirve como eje de los cuentos?
En realidad no importa mucho. Simmons nos ofrece algunas buenas ideas y no las cuenta mal. Una lectura perfecta para acomodar en las horas de relax, junto a unas palomitas y una cocacola.
No quisiera cerrar estas líneas sin antes señalar la espeluznante edición de Ediciones B, plagada de errores ortográficos que harían estremecerse al mismo Alcaudón. Es barata pero no lo suficiente como para cubrir el trasplante de dos nervios ópticos nuevos. Contratar un corrector eficiente no sería una mala idea.
Afortunadamente según avanza la lectura de Hyperion su autor, Simmons, olvida este lastre narrativo y pasa a introducir el vocabulario nuevo poco a poco, sin pretender apabullar con ese típico tic de escritor insuficiente. Poco a poco, y pese a la sensación de que algunos pasajes están medidos con calzador (y más adelante volveré sobre esto), la lectura de Hyperion se hace más sencilla, fluida, por mucho que su estructura ayude más a mostrar las carencias de Simmos que a ocultarlas.
En cuanto a la novela misma, y considerada ésta como una historia independiente y no como parte de la trilogía que acabaría siendo, es apenas una excusa para engarzar media docena de relatos largos, cada uno con un estilo y un protagonista diferentes, que giran todos alrededor de una figura casi mítica como es el Alcaudón. Pasando revista desordenada de cada uno de estos cuentos podemos encontrar desde el terror a la aventura espacial, pasando por la historia-ficción o el género policiaco, siendo el nivel de los mismos dispar, como en cualquier antología. Quizás haya que resaltar que, aunque cada una de estas narraciones se supone ideada expresamente como parte del puzzle que es Hyperion, da la sensación, sobre todo en el primer cuento, que Simmons ha reciclado textos e ideas previas, forzándolos a ajustarse a la trama general, a veces de manera bastante burda. Con todo, esas seis historias por separado contienen muy buenas ideas que están suficientemente bien contadas como para hacer recomendable la lectura de la novela.
Pero, ¿es Hyperion realmente una novela? ¿No es más un conjunto de cuentos enlazados con un McGuffin que sirven a Simmons para contruir un marco, un universo, donde poder contar, al fin, la historia que él quiere...? ¿O bien es al contrario? ¿Y si sólo el éxito de las ventas obligó al autor a contar el origen y destino de esa tan útil y poco interesante excusa de tres metros de humanoide cromado que sirve como eje de los cuentos?
En realidad no importa mucho. Simmons nos ofrece algunas buenas ideas y no las cuenta mal. Una lectura perfecta para acomodar en las horas de relax, junto a unas palomitas y una cocacola.
No quisiera cerrar estas líneas sin antes señalar la espeluznante edición de Ediciones B, plagada de errores ortográficos que harían estremecerse al mismo Alcaudón. Es barata pero no lo suficiente como para cubrir el trasplante de dos nervios ópticos nuevos. Contratar un corrector eficiente no sería una mala idea.
NARANJAS



