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| arturo
desde México
, México
-- Domingo, 20 de Noviembre de 2005 a las 13:11.
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Yo creo que el problema con una película tan graficamente agresiva como saló es la inmediata repulsión que (a menos de que seas un catálogo de parafilias) provoca a uno como expectador, pienso en filmes como irreversible, un día después o nekromantik; en lo personal no creo que volvería a verla y no la recomendaría a todo el mundo, pero admito que me deslumbró por la enorme profundidad de la tesis de los extremos del poder absoluto, como en el sado masoquismo, los regímenes totalitarios, o inclusive, como dice uno de los personajes, el amor como eterno complice; al final de cuentas para que exista un amo, debe haber un esclavo abandonado a él: las víctimas podrían, todo el tiempo liberarse con un simple padre nuestro o mordiéndole el pene a alguno de los captores en un felatio, sin embargo continuan, de la misma forma que los dictadores son sostenidos por lo pueblos concientes de sus excesos, los cuales callan y solapan o como decía Margarite Yourcenar "amar con los ojos abiertos es amar como un loco, es admitirlo todo apasionadamente". La película descarnadamente muestra a la sociedad y sus miserias sin ninguna máscara, me imagino como una especie de casa de los espejos donde todos vemos nuestros más profundos deseos (o aveces hasta actos secretos) sin la protección de la doble moral (atacar lo que más deseamos); tal vez lo más reulsivo del filme es la posibilidad de que sea real, cotidiano y admitido, ¿es más perverso ver a un grupo de pequeños burgueses, como lo son los personajes, comiendo heces, que alimentarnos con comida orgánica mientras vemos en la televisión los muertos en Irán, Angola o Chechenia, por cierto, sin ningún empacho?, ¿es más eticamente reprobable quemar las tetillas de un joven por diversión que hacer dinero invirtiendo nuestros ahorros para ganar más dinero con compañías famaceuticas que especulan con medicamentos para el sida que le niegan a millones en el tercer mundo, provocando su muerte solo por negocio?; creo que saló va más allá de la críticas homófobas sobre el director (al fin de cuentas, sólo un pasillo más de la casa de los espejos), y reflexionar sobre las continuas y pomposas frases sobre el bien y el mal que continuamente hacen los personajes abusando de Boudeliere, Nichtze entre otros. ecos de nuestros propios gritos.
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