¿De verdad creeis que podemos ganar?.
Sinopsis
Un oficial alemán visita el campo de concentración de Gensdorff. Un grupo de prisioneros se encuentra jugando al fútbol y al oficial, que fue jugador antes de la guerra, se le ocurre organizar un encuentro entre una selección alemana y los prisioneros en la ocupada ciudad de París. Los aliados en un principio se niegan, pero comprenden que puede ser una ocasión única para evadirse y terminan por aceptar el reto.
Crítica
Puntuación del crítico8Muy buena película de Huston, que supo fundir el género bélico y de fugas (al estilo de "La Gran Evasión") con el de la épica deportiva.
En el ámbito interpretativo cabe destacar el duelo de caballeros entre Max Von Sydow, militar que disfruta con el fútbol y que desea fomentar el espíritu deportivo entre sus soldados, pero que es obligado a convertir el partido en un bochornoso acto propagandístico por sus superiores, y Michael Caine, futbolista retirado que acepta el partido como un reto deportivo, con el objetivo de salvar la vida a algunos prisioneros de los campos de concentración de Europa del Este y que, incluso, llega a negarse al principio a preparar una fuga, utilizando el partido como excusa.
Sylvester Stallone da el pego como prisionero estadounidense al que el fútbol se la trae al pairo y las leyendas futbolísticas como Pelé, Osvaldo Ardiles, Bobby Moore o Paul Van Himst hacen lo justo y actúan donde mejor sabían hacerlo: en el campo de juego.
Evidentemente, toda la película es un preludio para el gran partido del final, pero no por ello faltan elementos dramáticos, como la fuga de Hatch, su infiltración en la resistencia francesa y su conversación con Renee y la cara de humillación y rabia de los espectadores parisinos ante tal esperpéntico espectáculo.
Sin embargo, creo que el hecho de que el director fuese estadounidense (y por lo tanto no conociese mucho de fútbol) provocó que durante el juego muchas escenas estén fuera de cuadro o que en algunas fases del partido las tomas no sean las mejores para apreciar el juego (Huston abusa de la cámara aérea y de los primeros planos) aunque siempre nos podremos recrear con la maravillosa chilena de Pelé. Este fallo es compensado con las constantes tomas de la reacción del público francés ante la remontada y su canto de ¡Victoria, victoria! y la espectacular banda sonora de Conti que empuja a los aficionados a derribar las vallas del estadio de Coulomb y que debería estar en los libros de cómo hacer un tema épico para una película.
En el ámbito interpretativo cabe destacar el duelo de caballeros entre Max Von Sydow, militar que disfruta con el fútbol y que desea fomentar el espíritu deportivo entre sus soldados, pero que es obligado a convertir el partido en un bochornoso acto propagandístico por sus superiores, y Michael Caine, futbolista retirado que acepta el partido como un reto deportivo, con el objetivo de salvar la vida a algunos prisioneros de los campos de concentración de Europa del Este y que, incluso, llega a negarse al principio a preparar una fuga, utilizando el partido como excusa.
Sylvester Stallone da el pego como prisionero estadounidense al que el fútbol se la trae al pairo y las leyendas futbolísticas como Pelé, Osvaldo Ardiles, Bobby Moore o Paul Van Himst hacen lo justo y actúan donde mejor sabían hacerlo: en el campo de juego.
Evidentemente, toda la película es un preludio para el gran partido del final, pero no por ello faltan elementos dramáticos, como la fuga de Hatch, su infiltración en la resistencia francesa y su conversación con Renee y la cara de humillación y rabia de los espectadores parisinos ante tal esperpéntico espectáculo.
Sin embargo, creo que el hecho de que el director fuese estadounidense (y por lo tanto no conociese mucho de fútbol) provocó que durante el juego muchas escenas estén fuera de cuadro o que en algunas fases del partido las tomas no sean las mejores para apreciar el juego (Huston abusa de la cámara aérea y de los primeros planos) aunque siempre nos podremos recrear con la maravillosa chilena de Pelé. Este fallo es compensado con las constantes tomas de la reacción del público francés ante la remontada y su canto de ¡Victoria, victoria! y la espectacular banda sonora de Conti que empuja a los aficionados a derribar las vallas del estadio de Coulomb y que debería estar en los libros de cómo hacer un tema épico para una película.
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