Todo empezó con una maleta a rayas
Sinopsis
Howard Bannister es un joven investigador musical, serio, tímido y despistado que acude a un hotel de San Francisco con su novia Eunice para participar en una convención en la que pretende conseguir una beca para seguir investigando las propiedades musicales de las rocas ígneas. Ya en el hotel, su presencia no pasa desapercibida para su alocada colega Judy Maxwell, una joven siempre ligada a problemas allá donde vaya, y que hace vivir a Bannister una serie de situaciones disparatadas hasta convertir su estancia en el hotel en un auténtico desastre. Al mismo tiempo, se produce una extraña casualidad cuando cuatro maletas idénticas comienzan a circular por el hotel Bristol. La primera de ellas contiene las ropas de Judy, y es confundida con la de Bannister, que contiene sus rocas, pero a su vez, éste la intercambia con una maleta cargada de diamantes y joyas, y que termina siendo también confundida con otra llena de documentos robados con información secreta. Tras una alocada carrera por las calles de de San Francisco, el disparatado enredo termina en la sala de un juzgado donde Judy es demasiado bien conocida ya.
Crítica
Puntuación del crítico8Deliciosa comedia de Peter Bogdanovich que homenajea a las famosas screwball de los años cuarenta.
Una trama imposible, con enredos, casualidades, lucha de sexos y una galería de personajes a cual más estrafalario (el juez pastillero se lleva la palma). La comparación entre el tándem Grant/Hepburn frente al de O’Neal/Streisand es ciertamente innecesario ya que los primeros son incomparables.
A destacar la interpretación de la debutante Madeline Kahn y la presencia siempre secundaria de Randy Quaid en las películas de Bogdanovich.
Una película divertidísima, que se ve en un suspiro y que tiene sus mejores momentos en el tramo final. Memorable la persecución a cuatro bandas por las calles de San Francisco y el gag del cristal esquivando los coches (ha hecho historia).
Bien dirigida. Recomendable.
Una trama imposible, con enredos, casualidades, lucha de sexos y una galería de personajes a cual más estrafalario (el juez pastillero se lleva la palma). La comparación entre el tándem Grant/Hepburn frente al de O’Neal/Streisand es ciertamente innecesario ya que los primeros son incomparables.
A destacar la interpretación de la debutante Madeline Kahn y la presencia siempre secundaria de Randy Quaid en las películas de Bogdanovich.
Una película divertidísima, que se ve en un suspiro y que tiene sus mejores momentos en el tramo final. Memorable la persecución a cuatro bandas por las calles de San Francisco y el gag del cristal esquivando los coches (ha hecho historia).
Bien dirigida. Recomendable.
Davis

