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| josephhitchcowicz
-- Lunes, 21 de Noviembre de 2005 a las 21:13.
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Una obra maestra incontestable, narrada de manera magistral por Reed. Es impresionante la construcción del vil personaje de Harry Lime, sin verle en pantalla, y su presentación desde el balcón con el gato delatandole, la luz que se enciende y su posterior huida con ese magistral plano en que su sombra corre, pero parece no avanzar. Realmente, toda la parte apartir de que Welles aparece, tiene signos claros de la genialidad de este, y el resto, siendo también genial visualmente, me recuerda menos. Y que maravila visual y de narración la escena en la que Cotten va a ver a los niños deformes (momento en que decide delatar a su amigo), que contrasta con el momento en que Welles en la noria señala los puntitos que corresponden a seres humanos, y que en el fondo no le importa si viven o no. Por que habitualmente a los humanos nos pasa eso, los muertos cercanos y frescos nos impresionan, impactan, aterrorizan y afligen mas que los que no vemos y están lejos. La distancia hace el olvido. ¡viva la manipulación de la televisión del imperio! Y por supuesto ese plano final, uno de los mejores de la historia del cine, increibles los cojones de Reed para hacerlo, y un acierto rotundo por su parte -yo creo que en verdad es obra suya-. ¡que emotividad, que aflicción la de Cotten, que lealtad por parte de la Valli!, hace falta ser un genio, para tal proeza cinematográfica. Por ponerle, como siempre, un pero, tanto plano torcido me acaba cargando, y realmente acaba haciendose casi previsible, sino lo que pasa, que va a pasar algo. En pocas dosis está bien, pero en una pelicula un recurso y una manera de contar tantas veces repetido acaba rayando un poquito. Pero realmente es un pero ligero que no me hace bajarle del diez.
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