Capítulo 37
Una vez los periodistas se hubieron marchado, el hombre del bigote se acercó a Bruce Wayne con el paso confiado de la autoridad.
-¿Señor Wayne?- dijo-. Detective McTheodore, de la INTERPOL. Investigo el robo.
Bruce se hizo el sorprendido.
-¿La INTERPOL? No lo entiendo, el robo se ha cometido aquí mismo… El DPGC era quien se encargaba, ¿no?
-La mía es una investigación paralela- explicó-. Hace años que estoy persiguiendo al mismo ladrón, y tengo fuertes motivos para pensar que es nuestro hombre.
-Caramba. Bueno, pues usted me dirá. Si hay algo que pueda hacer, puede estar seguro de que lo haré.
-Tenía la esperanza de que lo hiciera, señor Wayne- dijo McTheodore sonriendo, e inmediatamente borró la sonrisa de la cara-. Conozco a Sam la Comadreja, y una vez que encuentra un blanco no lo suelta. Dígame, ¿tiene usted algo de valor en su casa?
Bruce trató de contener la carcajada. Tuvo éxito durante unos dos segundos.
-Tengo un servilletero- respondió-. Aparte de eso, creo que todo lo demás es de valor.
-Necesita vigilancia policial. Si la Comadreja ha robado una vez su propiedad, seguirá hasta dejarlo seco.
En la mirada de Bruce se reflejó una más que ensayada preocupación.
-Vaya, no lo sé, pensaba que el ladrón había entrado en el museo y se había llevado lo primero que pilló…
-Con el debido respeto, señor Wayne, no sabe usted nada de robo de museos. Uno no entra a robar en un lugar como éste sin tener en mente el objetivo del robo.
-Sí, bueno, supongo que tiene sentido…
McTheodore sacó una tarjeta de su gabardina.
-Mi consejo es que contrate a una agencia de seguridad, o que pida un dispositivo policial para su casa, hasta que el caso esté cerrado. Mucho me temo que no tengo autoridad para obligarle a cumplir este consejo, pero si se comete algún otro robo, aquí tiene usted mi teléfono. Llame a cualquier hora e infórmeme.
Wayne cogió la tarjeta y la miró, ocultando en sus ojos el recelo.
-Si tengo algún problema en mi casa, no dudaré en llamarle- respondió con amabilidad-. Por su parte puede usted venir a visitarme cuando lo desee. Si el caso avanza podrá informarme, y si no podemos jugar al golf. La teniente de alcalde juega conmigo cada semana. ¿Juega usted al golf?
McTheodore le miró con una curiosa condescendencia.
-Estaremos en contacto, señor Wayne.
-A sus órdenes, detective- respondió Bruce, sonriendo en blanco polar, y salió de la sala de prensa.
-¿Señor Wayne?- dijo-. Detective McTheodore, de la INTERPOL. Investigo el robo.
Bruce se hizo el sorprendido.
-¿La INTERPOL? No lo entiendo, el robo se ha cometido aquí mismo… El DPGC era quien se encargaba, ¿no?
-La mía es una investigación paralela- explicó-. Hace años que estoy persiguiendo al mismo ladrón, y tengo fuertes motivos para pensar que es nuestro hombre.
-Caramba. Bueno, pues usted me dirá. Si hay algo que pueda hacer, puede estar seguro de que lo haré.
-Tenía la esperanza de que lo hiciera, señor Wayne- dijo McTheodore sonriendo, e inmediatamente borró la sonrisa de la cara-. Conozco a Sam la Comadreja, y una vez que encuentra un blanco no lo suelta. Dígame, ¿tiene usted algo de valor en su casa?
Bruce trató de contener la carcajada. Tuvo éxito durante unos dos segundos.
-Tengo un servilletero- respondió-. Aparte de eso, creo que todo lo demás es de valor.
-Necesita vigilancia policial. Si la Comadreja ha robado una vez su propiedad, seguirá hasta dejarlo seco.
En la mirada de Bruce se reflejó una más que ensayada preocupación.
-Vaya, no lo sé, pensaba que el ladrón había entrado en el museo y se había llevado lo primero que pilló…
-Con el debido respeto, señor Wayne, no sabe usted nada de robo de museos. Uno no entra a robar en un lugar como éste sin tener en mente el objetivo del robo.
-Sí, bueno, supongo que tiene sentido…
McTheodore sacó una tarjeta de su gabardina.
-Mi consejo es que contrate a una agencia de seguridad, o que pida un dispositivo policial para su casa, hasta que el caso esté cerrado. Mucho me temo que no tengo autoridad para obligarle a cumplir este consejo, pero si se comete algún otro robo, aquí tiene usted mi teléfono. Llame a cualquier hora e infórmeme.
Wayne cogió la tarjeta y la miró, ocultando en sus ojos el recelo.
-Si tengo algún problema en mi casa, no dudaré en llamarle- respondió con amabilidad-. Por su parte puede usted venir a visitarme cuando lo desee. Si el caso avanza podrá informarme, y si no podemos jugar al golf. La teniente de alcalde juega conmigo cada semana. ¿Juega usted al golf?
McTheodore le miró con una curiosa condescendencia.
-Estaremos en contacto, señor Wayne.
-A sus órdenes, detective- respondió Bruce, sonriendo en blanco polar, y salió de la sala de prensa.
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(Mathew McTheodore, personaje creado por mí para mí y con mi ayuda. Derechos reservados para mí. ¿Por qué nunca me paga nadie? ¿Es porque no me ducho?, porque podría intentarlo...)