Waster
desde Madrid
, España
Domingo, 14 de Enero de 2007 a las 11:19
Original, voluptuoso y condescendiente retrato de la polémica figura de la reina María Antonieta, que a Sofía Coppola le sirve para diseccionar las esencias de su querido (y quizás añorado) universo adolescente.
Me gusta cómo plasma la directora/guionista ese universo hermético y aislado de la Corte, ese palacio de frivolidades y estúpidos protocolos pero donde esa casi niña convertida en reina construye su propio mundo de desenfreno y placer sin miramientos. Y es un verdadero logro que consigan infiltrar al que ve la película (bueno, por lo menos a mí), en ese mundo de zapatos de colores, pasteles, champagne y, en fin, hedonismo puro y duro.
Además de las (para mí, indiscutibles) capacidades como directora de Sofía Coppola, de su notabilísimas dotes detrás de la cámara, todas estas sensaciones que nos transportan a ese palacio festivo son gracias, sobre todo, a un exquisito y medido sentido estético, donde tanto la imagen como la música se funden con el propio sentido de la película.
Casi rousseoniana, de espíritu juvenil, sincera, frágil y afable, esa es la reina Marie Antoinette de Sofía Coppola, que se distancia infinitamente del típico y tópico biopic y de la búsqueda de aleccionamiento histórico. Eso sí: hay una escena, cuanto menos discutible (aunque a mí tampoco es que me moleste) en que se limpia la imagen de la protagonista hasta dejarla reluciente, exhimiéndola de todas las acusaciones de crueldad y desinterés por el pueblo que gobernaba que, dicen, mostró durante su corto reinado. Eso hace que la peli se acerque peligrosamente a una hagiografía, lo que siempre es discutible. Lo que está claro, más allá de que sean ciertas o no las frases contundentes y brutales que se le atribuyen, es que la reina era culpable por inoperancia. Ella, Luis XIV, y todos sus "camaradas".
Lo que no tengo muy claro es si me gustan los últimos diez minutos de peli, vamos, cuando el pueblo decide empezar a cortarle el rollo a la Corte. Están muy bien contados (esa magnífica elipsis del hijo que muere), y todo eso, pero creo que podría decirse lo mismo en menos tiempo y sin esforzarse ni regodearse en la tristeza de esos mamotretos que acabaron perdiendo la cabeza. Quizás sea que la película me conmueve, me hace apenarme de ellos...y yo no quiero. O no, al menos, sin apenarme antes de los otros.
En todo caso, una película técnicamente brillante, entretenida y por momentos bastante divertida, muy bien contada y puesta en imágenes. No me hace sentir la rara turbación de Las vírgenes suicidas ni me emociona como Lost in translation, pero, a pesar de cierta ligereza, está muy bien.