El ladrón contempló con satisfacción su último progreso. Todo estaba saliendo a pedir de boca. Guardó las piezas extraídas en un maletín acolchado y cerró el capó. Ahora no podría arrancar, pero tampoco le hacía ninguna falta. Muy bien. Entonces sería una ducha, escoger la ropa adecuada, preparar la entrega y hacer una llamada. Después de eso, casi todo su trabajo estaría listo por esa noche. Le estaba empezando a gustar Gotham. En otras ciudades no había tenido tanta facilidad para sus trabajos, y a la vez ninguno de sus trabajos anteriores había sido tan pintoresco. Un rápido vistazo a sus maletines le recordó el emisor que había encontrado en la talla de obsidiana. ¿De verdad el gran Batman utilizaba métodos tan rudimentarios? ¿Es que los grandes genios del crimen de Gotham no eran capaces de detectar trampas tan evidentes? En fin. Su objetivo estaría a punto en poco tiempo. Sería mejor que se diera esa ducha cuanto antes.
(corto de cojones, sí, lo sé, pero EL PERSONAJE ES MÍO)