Solsticio de Invierno

Wifredo Lam

 

 

Nueva Logia del Tentáculo

a observar la bóveda celeste y seguí viendo oscuridad, sentí que se oprimía mi corazón, pero mi curiosidad insistió y volví mis sentidos hacia el pozo, ahora ese clamor luminoso cesaba y se convertía en tres intensas fulgores en medio del vacío sepulcral, y me di cuenta que eran esas mismas estrellas que ahora apenas alcanzan a iluminar este valle decadente. (Zeth)

Los Seres Amorfos no sabían que hacer. Habían permanecido tantos eones sometidos al Supremo Ser Amorfo, que por mucho que intentaban dirigir sus pasos hacia el Olivo de la Humanidad, no encontraban el Sendero de Ónice que podría guiarles hasta humanizantes ramas de verde esmeralda. En una onírica dimensión el valle había estado iluminado por miles de estrellas de tornasolados brillos, pero el Supremo Ser Amorfo les había prometido generosas bondades que ellos habían creído y elogiado ingenuamente, provocando su perfidia que las estrellas de tornasolados fulgores fuesen absorbidas por el pozo de fulgentes destellos. (Joseph Curwen)

Sin tregua, sin cuartel, sin el más mínimo asomo de querer llegar al Armisticio Armónico, se libró la Lid de las Lides, auspiciadas por el Ente Cacofónico de la Sombra que reclamaba Soberana Monarquía. Pero, yo guardaba en el hueco de mis manos las tres llaves, que abrían el Pórtico de la Noria en giralunas y girasoles, girándulas y libélulas tornasoladas y acaracoladas. Una llave era de lapizlázuli que abría las sombras para encontrar el Sendero de Ónice, la segunda llave era de basalto que partía la luz del relumbrón y la tercera, una llave minúscula, con cabeza de diamante, hacía redondo el horizonte. (Henry Armitage)

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