Solsticio de Invierno

Wifredo Lam

 

 

Nueva Logia del Tentáculo

A mis espaldas rugía congelada la oscuridad sin poder avanzar ni un ápice hacia el lustre de ónice que la llave había abierto. Me encontraba al otro lado, tal vez a salvo; aunque el cielo violáceo me daba mal fario, porque las Criaturas Amorfas con Almas de Medusa podían haberme seguido los pasos, olfateando el sudor de las plantas de mis pies. Poco caminé por el Sendero de Ónice, pues en el primer recodo del camino choqué con una superficie transparente, como si un cristal taponase mi paso al otro lado. Seguí el frío cristal con mis manos abiertas y la exploración me llevó a varios metros de distancia en medio de un tupido bosque de pinos plateados. (Henry Armitage)

Mientras escrudriñaba las tinieblas que reinaban por debajo de la pálida luminiscencia, emitida por las copas plateadas de los pinos, llegó a mis oídos ruidos lejanos de chapurreos confusos y de chapoteos repugnantes. ¡Los Amorfos! ¡Habían llogrado hallar mi pista y ahora estaban lanzados en una frenética y despiadada cacería! Al mismo tiempo comencé a percibir en la penumbra del sotobosque confusas siluetas en movimiento. Momento de crítica decisión, debía elegir: O bien lanzarme hacia lo desconocido y huir al interior del bosque, o bien esperar estoicamente a que los Seres Amorfos diesen conmigo. (Hee Hoo)

Tras unos momentos de máxima confusión, decidí internarme en el bosque de argentados brillos, pues lo último que deseaba era encontrarme con ese grupo de desdichados Seres Amorfos que, ya sin la patética guía de su cacofónico y usurpador Soberano, se habían tornado un paupérrimo grupúsculo de Seres sin

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