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sentido alguno. Sabía
que aunque me intentaran seguir por el interior de ese bosque de
estilizados árboles no aguantarían mucho tiempo tras
mis pasos, pues los Amorfos no estaban acostumbrados a los destellos
que producían los árboles de plata, pues su vida transcurría
entre semioscuridad y negra tiniebla.
(Joseph
Curwen)
A pesar de mis seguridades, no pude
evitar que un sudor frío recorriese mi cuerpo de arriba abajo.
La duda me inoculó un espasmódico miedo que a poco
se convirtió en gran pánico. Cuando estaba a punto
de sucumbir y entregarme como chivo expiatorio de inmolación,
un destello argentífero iluminó mi mente y convertí
mi herida en aguerrido arsenal defensivo: viré sobre mis
pasos huidizos y me enfilé de cara hacia ese grupo de desdichados
Seres Amorfos, no sin antes hacer un minucioso estudio de luces
sombras, de forma que los soles de plata que emitía el estilizado
bosque hicieran ángulo recto con sus ojos tenebrosos.
(Abdul Alhazred)
Fue
así como los candentes rayos cayeron, latentes y activos
al mismo tiempo, sobre los ojos de los Seres Amorfos y estos comenzaron
a chillar con un cacofónico sonido de desesperación;
entretanto, yo continué regresando sobre mis pasos, pisando
el Sendero de Ónice, hasta que alcancé el borde del
pozo al que antes había entrado, sosteniendo aún en
mis manos dos de las benditas llaves salvadoras.
Pero,
de pronto me di cuenta que el plateado bosque que había percibido
en el fondo del pozo se extendía a mi alrededor, hasta donde
mi vista alcanzaba a llegar. Eso hizo que me detuviera en
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