Solsticio de Invierno

Wifredo Lam

 

 

Nueva Logia del Tentáculo

seco, que abandonara mi alocada carrera y permaneciera estupefacto ante tan extaño suceso. (Dogon)

¡¡ El Sendero de Ónice había desaparecido!! Y ahora sin lapizlázuli me encontraba totalmente perdido en aquel extraño paraje boscoso. Las confusas siluetas que acerté a vislumbrar entre la penumbra del sotobosque en mi huida, parecían moverse con maligna sinuosidad.
Debía recordar las palabras exactas para hacer valer el poder de la pequeña llave con cabeza de diamante.
Sólo haciendo redondo el horizonte podría, al menos, orientarme entre la inmensa prisión boscosa
en que me encontraba.
- ¡Tzamtra’ k aSalmjet-tz! - Exclamé al recordarlo.
Empezó a temblar el suelo y, estridentes y agudos gritos, surgían de entre aquellos árboles diabólicamente estilizados. Perdí el equilibrio y caí al suelo, mi mano seguía sujetando con todas mis fuerzas las llaves. El diamante de la llave minúscula brillaba con un verdoso resplandor.
La tierra rugía... (Bolangera)
A mi alrededor, los árboles parecían unas enormes flechas flamígeras, que quisieran herir los vientres colgantes de las nubes. A mis pies, la tierra empezó a temblar como gazapos que tiritaban de miedo en sus madrigueras y las entrañas de la tierra dieron un bostezo abriéndose y mostrando una oscuridad subterránea sobrenatural. Acomodé la vista al nuevo paisaje que se abría a mis pies y pude vislumbrar unos enormes escalones que me abrían los brazos, ante la amenaza que se empezaba a escuchar a mis espaldas.

Sigue


 

© 2005