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seco, que abandonara mi alocada carrera y permaneciera estupefacto
ante tan extaño suceso. (Dogon)
¡¡
El Sendero de Ónice había desaparecido!! Y ahora sin
lapizlázuli me encontraba totalmente perdido en aquel extraño
paraje boscoso. Las confusas siluetas que acerté a vislumbrar
entre la penumbra del sotobosque en mi huida, parecían moverse
con maligna sinuosidad.
Debía recordar las palabras exactas para hacer valer el poder
de la pequeña llave con cabeza de diamante.
Sólo haciendo redondo el horizonte podría, al menos,
orientarme entre la inmensa prisión boscosa en
que me encontraba.
- ¡Tzamtra k aSalmjet-tz! - Exclamé al
recordarlo.
Empezó a temblar el suelo y, estridentes y agudos gritos,
surgían de entre aquellos árboles diabólicamente
estilizados. Perdí el equilibrio y caí al suelo, mi
mano seguía sujetando con todas mis fuerzas las llaves. El
diamante de la llave minúscula brillaba con un verdoso resplandor.
La
tierra rugía...
(Bolangera)
A
mi alrededor, los árboles parecían unas enormes flechas
flamígeras, que quisieran herir los vientres colgantes de
las nubes. A mis pies, la tierra empezó a temblar como gazapos
que tiritaban de miedo en sus madrigueras y las entrañas
de la tierra dieron un bostezo abriéndose y mostrando una
oscuridad subterránea sobrenatural. Acomodé la vista
al nuevo paisaje que se abría a mis pies y pude vislumbrar
unos enormes escalones que me abrían los brazos, ante la
amenaza que se empezaba a escuchar a mis espaldas.
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