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Ya
casi sentía la una voz de azogue que me evocaba el croar
ronco del Amorfo Usurpador Supremo que atizaba a sus Sicarios, cuyas
cabezas parecían haberse convertido en medusas preñadas
de chisporroteos y cortocircuitos. Así
que no me lo pensé dos veces y los escalones - blandos como
los Hongos de Yuggoth - empezaron a engullir mis pies que corrían
escaleras abajo. Descenso eterno que me llevó a una especie
de recinto cubierto por una cúpula fosforecente y desde el
que partían varios caminos abiertos, todos con opciones inquietantes;
pero, un infierno baboso de cánticos me hizo reaccionar y
elegir el sendero de peor aspecto ...
(Henry
Armitage)
Pensé
en un momento volver atrás y ascender nuevamente las escaleras.
Pero la materia blanda y abrasiva de sus escalones, que había
practicamente transformado mi calzado en pulpa, retardaría
mi ascenso y tal vez jamás alcanzaría a terminarlo.
Los babosos cánticos estallaron con vigor renovado detrás
de mí y supe entonces que los indecibles cantores habían
formado una procesión en busca de una víctima propiciatoria
para quién sabe qué ritual. Hice pues abstracción
de mi claustrofobia y me lancé salvajemente por ese sendero
que se abría entre apretados muros de roca (Hee
Hoo)
Empecé a correr a través de unos corredores de negra
y brillante roca que, de vez en cuando, producía unos destellos
de azabache y plata que herían mis pupilas haciéndome
avanzar durante breves segundos completamente a ciegas. Tras de
mí oía los horrendos cánticos
de los Seres
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