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Amorfos
que,
aunque descerebrados debido al sometimiento del Amorfo Usurpador
Supremo, algunos de éstos todavía le temían
y adoraban a escondidas, pues le creían poseedor de sabios
conjuros, destructivos hechizos y absurdas promesas de liberación
y elevación hacia la consecución de la Luz del Saber
y la Doctrina de la Usurpación que, según el Más
Amorfo de los Amorfos, se conseguía usurpando el reflejo
del espejo del Cielo del País del Sol. (Joseph
Curwen)
Sin pensarlo, de pronto apreté
firmemente la diamantina llave que, no sé aún cómo,
permanecía férreamente empuñada en mi mano
izquierda. Entonces, un brillo despampanante y deslumbrante brotó
de ella, cual si se tratara de un astro celestial, con un color
lechoso y perturbador, que hizo que abriera los ojos como platos,
y que me produjo una inmediata e indeseada sensación de vahído.
Detrás de mí, oía el desenfrenado cántico
a coro de los Seres Amorfos y, por sobre ellos, la voz - si es que
era tal - del Usurpador Supremo, que no dejaba de azuzarles en mi
persecución. Sabía que no perderían mi rastro
muy fácilmente, así que me zambullí de cabeza
en una oquedad que alcancé a divisar gracias a la luz estelar
de mi llave. (Dogon)
Una
vez dentro de la oscura oquedad aguardé unos momentos recuperándome
de mi larga carrera y esperando acostumbrarme a aquella repentina
oscuridad. Al menos me tranquilizó el dejar de oír
los estridentes y desagradables cánticos de los Seres Amorfos
y su nauseabundo Supremo. Poco a poco mis pupilas se fueron acostumbrando
a la profunda oscuridad de mi afortunado escondite y al cabo de
unos minutos,
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