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pude
comprobar que se trataba de una especie de
cripta con grabados en la propia roca que aunque no podía
vislumbrar claramente podía palpar sin dificultad. Decidí
avanzar arrastrándome a través de la estrecha galería
que se iba ensanchando proporcionalmente a mi torpe avance, hasta
que una extraña luminosidad me permitió ver que me
encontraba en una espacio circular abovedado rodeado de una serie
de altísimas y retorcidas columnas construidas por un extraño
material y grabadas con abominables bajorrelieves que me causaron
escalofríos de pavor.
(Lavinia Whateley)
No
alcanzo a comprender, sin embargo, qué insano arquitecto
concibió semejantes columnas de disposiciones tan extravagantes,
cual si la bóveda las sostuviera a ellas y no al revés
y ésta a su vez quisiera alcanzar el suelo en un deseo frenético
de aplastar el vacío existente en el centro de la circunferencia,
pero me da más pavor imaginar qué tipo de ser fue
el artista que esculpió esos horripilantes bajorrelieves
en donde se muestran entes, quizá antecesores de los Seres
Amorfos, que muestran indudables muecas de terror al ser sacrificados
y fagocitados por seres mucho menos indescriptibles.
(Zeth)
De
repente, mi imaginación corrió acaloradamente al contemplar
la filigrana de esos angustiosos bajorrelieves, que armonizaban
con la espiritualidad malsana de las columnas. Ya no se escuchaban
pasos a mi espalda, así que me entretuve en contemplar las
escenas del horror, labradas alrededor de esas columnas colosales.
Al rodear una de ellas, me encontré con el bulto vaporoso
y huidizo de una mujer, que me
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