Solsticio de Invierno

Wifredo Lam

 

 

Nueva Logia del Tentáculo

tranquilizó con un gesto. Había algo en ella que me resultaba especialmente inquietante, tal vez era el dibujo en triángulo que formaban las venas en una de sus manos, que casi parecía transparente o que calzara sandalias de diferentes colores, una dorada, la otra plateada, como si fueran parte de un disfraz improvisado. Ante mi indecisión, me enseñó algo que llevaba guardado en su puño y, meciendo su cuerpo con un sinuoso vaivén delante de mí, me pidió que la siguiera. (Henry Armitage)

Presurosamente, seguí hacia donde la extraña aparición fantasmal me conducía: una profunda oscuridad invisible e impalpable nos rodeaba, excepto por los fosforescentes relieves alienígenos y pesadillescos que ornaban lo que me parecía eran los muros de la caverna en la que nos encontrábamos. No sabía hacia dónde me dirigía la sutil visión, pero seguía tras ella como si fuera un faro y yo un navío extraviado en la inmensidad de un negro y terrorífico océano; hasta que me pareció escuchar el rumor del mar, de olas de enormes magnitudes, de agua que batía incansablemente contra afiladas y rocallosas costas que ningún ser humano podría imaginar. Hasta ese momento, nos seguían los descarnados aullidos de los Seres Amorfos, cuyas figuras se recotaban, por momentos, contra la negrura reinante. Y supe, entonces, que había quedado atrás el tenebroso bosque y la salvadora caverna, que ahora tendría que enfrentar novedades que todavía tenían que presentarse ante mí. (Dogon)




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