Sinopsis
Crítica
Puntuación del crítico10Aquí Wilder demuestra de nuevo ser un hombre comprometido con la realidad política y social de la época en que vivía. En este caso criticando ferozmente la guerra fría.
Ya desde el principio con "la danza del sable" (que se repite en los momentos mas delirantes) se nos adelanta que el film va a tener un ritmo frenético, y así será. Los gags se suceden primero rápido y luego vertiginosamente a medida que se va desarrolando la trama y conocemos mas sobre los personajes.
Gags que no estan introducidos gratuitamente, sino que se ponen al servicio de la historia enriqueciendo el guión, de nuevo magistral, de Mr. Wilder. Billy esprime a fondo todas las situaciones y personajes, dando siempre una vuelta de tuerca mas de las que parece que pueden darse (de nuevo la influencia de Lubitsch) a cada escena, repleta cada una de ellas de ingenio.
Las subtramas contribuyen a que el ritmo vaya aumentando paulatinamente. Ejemplos son el "affair" de MacNamara con su secretaria Ingebord -que siempre pega su chicle en la mesa de este-, los tres rusos, mas ineresados en la rubia amante de Cagney que en implantar la Coca-cola en su país, o la propia esposa de MacNamara, muy cínica a lo Wilder, que se dirige siempre a su marido como "Mein Führer" y cuyos hijos quieren llevar patines a Venecia.
Por otra parte reseñar la importancia de los objetos, que aquí se convierten en unos personajes mas de la historia. Por ejemplo el reloj de cuco del que siempre en el "momento adecuado", sale un muñequito capitalista, con bandera americana incluida, mientras suena una típica canción patriotica de USA. Los globitos con la frase "Yankee go Home" (o russky go home)). El disco con la ortera canción pop "Itsy Bitsy, Teeny Weeny Yellow Polka Dot Bikini" que utilizan los rusos para torturar al comunista Otto. O el vestido que MacNamara regala a Ingebord para que no abandone su puesto debido al enfado de está por la falta de interés que pone su jefe en las clases de alemán que le imparte.
Por último alabar la gran interpretación de Cagney sobre todo, quien decía sus frases a la primera pese a ser sumamente largas y rápidas -casi todas ellas eran mandatos, pero también la de Horst Buchholz como Otto, el novio comunista, que cada vez que coincide en pantalla con Cagney se producen situaciones tan tensas como hilarantes debido a las diferencias ideológicas, del actor que interpreta a Shlemmer -al que Cagney llama siempre a gritos- que no hace mas que abrir y cerrar puertas y dar taconazos (se cree aún en la Alemania Nazi), los rusos, los Hazeltine y su pijisima y lujuriosa hija, Pamela Tiffin.
Una pelicula que gustaba mucho a su director pese a no tener las pausas entre chiste y chiste de "Con faldas y a lo loco".
Al Sampietro






