El Ojo del enemigo Avanza, ha llegado el final.
Sinopsis
Crítica
Puntuación del crítico9Peter Jackson hace gala de las mismas artes que en las dos películas precedentes. Técnicamente, es un portento de movimientos de cámara, animaciones, idoneidad de encuadres y hasta de dirección de actores; ha establecido una nueva vara de medir, y ante ella tendrán que medirse todas las próximas "grandes películas".
Tal vez el montaje eche en falta esos metros de más que tienen las versiones extendidas, en las que las cosas están mucho mejor contadas. Y por ello resulta un tanto abrupto en ocasiones.
El mayor defecto, para el gusto de quien esto escribe, de las tres películas de la saga es el exceso de situaciones con las que jugar y mezclar; ello provoca que se tome mucho tiempo (el necesario, pero mucho al fin) para explicarlas, y un espectador no muy sagaz o atento tiene el riesgo de perderse con facilidad en las complejidades de la trama.
Un ejemplo es la aparición de los "muertos". Esa horda de guerreros que habitan entre este mundo y el otro, que son los que al final vencen en la batalla de la capital de Gondor, y cuya presencia es poco más que anecdótica.
Es una película vasta, sin duda; los adjetivos que se le pueden aplicar son todos superlativos. Pero en demasiadas ocasiones su factura es un tanto basta. Tal vez sea pulida en el montaje de la edición para DVD, pero ése sería un defecto de la película para sala, que es al fin y al cabo donde se estrena y el espacio para el que se elabora, ¿o no?
Emocionalmente, El retorno del Rey es sensacional. Tal vez las 11 horas de sesión continua (las tres partes, consecutivas en una maratón) afecten a mis sensaciones, pero la inmersión en el universo creado por Tolkien es absoluta. Los sentimientos reflejados y provocados, intensos. El goce que provoca una historia tan grande, tan majestuosa y hermosa, superior.
No hace falta saberse la lista de personajes, ni haber leído el Hobbit, ni conocer las diferencias entre un trasgo y un troll, para disfrutarla.
Sólo hay que tener la mente abierta y estar dispuesto a pasarse la mitad de la película con la boca abierta por el asombro.













