Piripiflautico
Lunes, 21 de Noviembre de 2005 a las 01:52
Una de las películas que conforman las antologías del cine, en particular de ese cine inefable que ni se puede explicar con palabras ni las necesita para expresarse al máximo nivel artístico. La esencia pura y misma del cine de Lynch, el misterio en su forma primigenia, el descubrimiento del "caos" que habita bajo la capa de apacible normalidad, igual que ese plano en el que la cámara se sumerge en el verdoso césped hasta descubrir las luchas encarnizadas y la nada idílica existencia de los insectos que en él habitan. Una completa declaración de intenciones sobre el mundo, sobre la realidad, sobre la forma de ver las cosas que tienen las personas, y sobre todas las chorradas que se nos pudieren ocurrir.
Y después de esta perorata resulta que estoy de acuerdo con el que dice que a ratos se hace pesada, pero es que creo que sencillamente no importa. Que no es medible con una balanza la trascendencia de esta película, ni tampoco lo que expresa, y encima de un modo, como hemos dicho todos, ejemplar. Sin necesidad de excesos y haciendo una película que en otro sentido podría pasar por un thriller cualquiera.
Hay otros trabajos posteriores de Lynch que son más espectaculares (que no coherentes) visualmente (y musicalmente, por qué no), algo lógico si pensamos que es un tío que cada vez desarrolla y depura más su estilo. Pero la piedra sobre la que construirá su iglesia es ésta, al menos en lo que se refiere a la temática (en el otro sentido podría ser Cabeza borradora). Una obra en la que se encuentran el Lynch de las sensaciones y el Lynch de las ideas, el ilusionista con el filósofo, el que te "arrebata" con el que te hace reflexionar con su ironía (las diversas escenas metacinéfilas/paródicas de la película, muy bien resaltadas gracias a detalles de la inspirada puesta en escena, sirva de ejemplo ésa en que Laura Dern hace el discursito cursi mientras suena música celestial y, cuando se van en el coche, el plano aguanta varios de segundos para que veamos que la música no provenía de la escena misma, si no de una iglesia que había detrás (y por ende era de puro falsa, ilusoria, para quien no lo hubiese visto de primeras)...)
El resto de su obra posterior, y Twin Peaks en particular SPOILER, serán en cierto modo vueltas de tuerca más o menos acertadas a este mismo esquema y estilo, pero sin superarla en contenido.
Una obra de arte, la verdad, la obra de uno de los nombres fundamentales del cine moderno, capaz de arrancarle dieces al mismísimo Premutos. La obra de un DIOS, en definitiva.