La verdad no necesita traducción.
Sinopsis
Nicole Kidman interpreta a Silvia Broome, una intérprete nacida en África, que oye cómo amenazan de muerte a un presidente africano a punto de hablar en la Asamblea General de las Naciones Unidas. No tarda en darse cuenta de que ella también se ha convertido en blanco de los asesinos y se lanza a una carrera desesperada para frustrar sus planes. Sólo debe encontrar a alguien que la crea.
Sean Penn es Tobin Keller, el agente federal encargado de proteger a la intérprete, que no está tan seguro de que la mujer lo haya contado todo. Silvia y Tobin, por naturaleza, ven la vida desde puntos de vista diferentes. Ella, intérprete en las Naciones Unidas cree en el poder y la inviolabilidad de las palabras. Él, agente del servicio secreto, analiza a la gente de acuerdo con su comportamiento, poco le importa lo que digan.
Basta con estar en el pasillo adecuado en el momento adecuado para que un susurro incline la balanza del poder.
Sean Penn es Tobin Keller, el agente federal encargado de proteger a la intérprete, que no está tan seguro de que la mujer lo haya contado todo. Silvia y Tobin, por naturaleza, ven la vida desde puntos de vista diferentes. Ella, intérprete en las Naciones Unidas cree en el poder y la inviolabilidad de las palabras. Él, agente del servicio secreto, analiza a la gente de acuerdo con su comportamiento, poco le importa lo que digan.
Basta con estar en el pasillo adecuado en el momento adecuado para que un susurro incline la balanza del poder.
Crítica
Puntuación del crítico6Sidney Pollack tiene un pequeño problema: le cuesta mucho salir de un esquema, o incluso de una idea argumental para una película. Y es que durante los primeros 20 ó 30 minutos de La Intérprete, la sensación de "esta película ya la he visto" es omnipresente. En cierto sentido es bastante predecible... excepto el último cuarto de película (última media hora, para entendernos), donde el director hace gala de un ritmo envidiablemente bien llevado, e incluso con ciertas sorpresas.
Lo que ocurre es que esta no es una película de director. Ni de guionista. Ni siquiera de productor. Es una película de actores, y así lo demuestra el increíble duelo interpretativo que se marcan Nicole Kidman y Sean Penn. Aunque hay que decir que, si bien la primera confirma su posición como una de las mejores actrices del momento, capaz de atreverse con casi cualquier cosa, es Sean Penn quien se lleva la victoria del duelo. Escenas tranquilas y sin nada fuera de lo normal, de diálogos, que cualquier otro actor habría "hecho", sin más, Penn las borda como el monstruo de la interpretación que es.
Como comentario final, cabe destacar que con esta película puede haberse abierto una nueva veta de villanos cinematográficos: los dictadores africanos. Tras los alemanes, los rusos, los chinos, los árabes y los terroristas islámicos, estos parecen ser los herederos naturales. En Hollywood, claro. ¿Crisis de inspiración? ¿De dónde sacais esas ideas?
Lo que ocurre es que esta no es una película de director. Ni de guionista. Ni siquiera de productor. Es una película de actores, y así lo demuestra el increíble duelo interpretativo que se marcan Nicole Kidman y Sean Penn. Aunque hay que decir que, si bien la primera confirma su posición como una de las mejores actrices del momento, capaz de atreverse con casi cualquier cosa, es Sean Penn quien se lleva la victoria del duelo. Escenas tranquilas y sin nada fuera de lo normal, de diálogos, que cualquier otro actor habría "hecho", sin más, Penn las borda como el monstruo de la interpretación que es.
Como comentario final, cabe destacar que con esta película puede haberse abierto una nueva veta de villanos cinematográficos: los dictadores africanos. Tras los alemanes, los rusos, los chinos, los árabes y los terroristas islámicos, estos parecen ser los herederos naturales. En Hollywood, claro. ¿Crisis de inspiración? ¿De dónde sacais esas ideas?
Daniel -Shimart- Muñoz






