Sinopsis
Crítica
Puntuación del crítico2Nueva vuelta de tuerca a la franquicia del superhéroe de Kripton, centrada ahora en un periodo de su vida poco conocido: su adolescencia. Un nuevo achuchón en formato serial que se ha tornado en un fracaso cualitativo, si no inicial, sí al menos general.
Así, "SmallVille" nos relata las desventuras de Clark Kent durante su etapa púbere, desarrollada en un pueblecito de tres al cuarto más cercano a la América profunda que a la vasta ciudad de Metrópolis. Y precisamente el dichoso pueblo es el primer fallo, en tanto que los acontecimientos que se suceden son inverosímiles (que no reales, que son cosas diferentes). Que Superman rescate a cientos de ciudadanos y reparta leña en Metrópolis es, hasta cierto punto, aceptable. Es Metrópolis y él es Superman. La primera es gigantesca. El segundo un superhéroe popular cuya presencia a nadie sorprende. Pero ni SmallVille es Metrópolis ni Clark Kent es aún el héroe de turno. Sólo con pinzas se puede aceptar que en un pueblo tan minúsculo sucedan tantos acontecimientos en torno a la figura de Kent sin que la historia no haga aguas por doquier. Aquí no hay dobles identidades ni gafas de reportero tras las que esconderse.
El segundo problema, y probablemente el más notorio, son las relaciones personales, más propias de un culebrón decimonónico que de una historia sobre superhéroes. Clark babea por su idolatrada (y algo ligera de cascos) Lana mientras a su alrededor se suceden hechos a cual más insólito. Amoríos, engaños, mentiras, calentones, noviazgos caducos, rozes familiares, dramones varios, luchas de poder, envidias, odios, persecuciones, venganzas y similares conforman así un verdadero folletín novelesco capaz de hacer sombra a las emisiones de sobremesa de TVE.
Y el tercer problema es la falta de evolución tanto de los personajes como de los acontecimientos, y que se traduce en un inmovilismo general. La serie apenas avanza, dando vueltas una y otra vez sobre las premisas iniciales. A saber: los poderes del muchacho, su enfermiza (y bastante estúpida) fijación por Lana y la contaminación meteorítica. Elementos todos ellos interesantes las primeras veces, pero aburridos y coñazos después de 20 episodios. Eso sí, los líos familiares se superponen con cada nueva entrega.
Ni siquiera los retoques sintéticos merecen ser destacados porque, despúes de lo rodado en los últimos años, a nadie debe sorprender el uso de la infografía.
En resumen: "Sensación de vivir" con kriptonita.
Así, "SmallVille" nos relata las desventuras de Clark Kent durante su etapa púbere, desarrollada en un pueblecito de tres al cuarto más cercano a la América profunda que a la vasta ciudad de Metrópolis. Y precisamente el dichoso pueblo es el primer fallo, en tanto que los acontecimientos que se suceden son inverosímiles (que no reales, que son cosas diferentes). Que Superman rescate a cientos de ciudadanos y reparta leña en Metrópolis es, hasta cierto punto, aceptable. Es Metrópolis y él es Superman. La primera es gigantesca. El segundo un superhéroe popular cuya presencia a nadie sorprende. Pero ni SmallVille es Metrópolis ni Clark Kent es aún el héroe de turno. Sólo con pinzas se puede aceptar que en un pueblo tan minúsculo sucedan tantos acontecimientos en torno a la figura de Kent sin que la historia no haga aguas por doquier. Aquí no hay dobles identidades ni gafas de reportero tras las que esconderse.
El segundo problema, y probablemente el más notorio, son las relaciones personales, más propias de un culebrón decimonónico que de una historia sobre superhéroes. Clark babea por su idolatrada (y algo ligera de cascos) Lana mientras a su alrededor se suceden hechos a cual más insólito. Amoríos, engaños, mentiras, calentones, noviazgos caducos, rozes familiares, dramones varios, luchas de poder, envidias, odios, persecuciones, venganzas y similares conforman así un verdadero folletín novelesco capaz de hacer sombra a las emisiones de sobremesa de TVE.
Y el tercer problema es la falta de evolución tanto de los personajes como de los acontecimientos, y que se traduce en un inmovilismo general. La serie apenas avanza, dando vueltas una y otra vez sobre las premisas iniciales. A saber: los poderes del muchacho, su enfermiza (y bastante estúpida) fijación por Lana y la contaminación meteorítica. Elementos todos ellos interesantes las primeras veces, pero aburridos y coñazos después de 20 episodios. Eso sí, los líos familiares se superponen con cada nueva entrega.
Ni siquiera los retoques sintéticos merecen ser destacados porque, despúes de lo rodado en los últimos años, a nadie debe sorprender el uso de la infografía.
En resumen: "Sensación de vivir" con kriptonita.







