Sinopsis
La verdad, sin embargo, será muy diferente.
Crítica
Puntuación del crítico4A mediados de los 80, el panorama de la ciencia-ficción andaba revuelto.Un joven George Lucas acababa de insuflar aires nuevos al género con su trilogía de "La Guerra de las Galaxias", eliminando el olor a rancio que ya comenzaba a expedir y revolucionando la puesta en escena.Los subproductos de fantasía científica llovían con fuerza y la televisión, como no podía ser menos, no quiso quedarse al margen de esta nueva ola, tal y como demostró con la oportunista "V".
"V" era el nombre de una serie en donde se nos relataba la invasión abierta y militar a la que era sometido nuestro planeta (o sea, EE.UU.) por parte de una raza de reptiles de aspecto humano.A la elevada espectacularidad visual del momento se unió una historia con tintes de culebrón venezolano que tenía por protagonistas tanto a los invasores como a la resistencia humana.
El resultado fue asombroso: guerra de guerrillas, rayos láser, persecuciones en naves, heroicidades, luchas de poder, rolletes interespecies,...
La serie obtuvo índices de audiencia sobresalientes, traspasando las fronteras de lo mediático para convertirse en un acontecimiento social.Nombres propios como Diana (la lagarterona morena), Lydia (lagartija de buen ver) o Donovan (periodista reconvertido en líder de la resistencia) pasaron a engrosar el vocabulario de muchos espectadores, crios y adolescentes en su mayoría, que seguían cada entrega con puntualidad relojera.
Una fidelidad que fue rápidamente aprovechada por los responsables de la obra, desplegando todo un universo mercadotécnico y comercial a su alrededor.Pistolas, trajes, camisetas, gorras, gafas, muñecos... cualquier cosa era válida para explotar el filón.
No obstante, fueron los álbumes con cromos coleccionables los que destacaron notoriamente.De esta forma, los churumbeles, principales víctimas del lavado cerebral, se convirtieron en costosas lacras económicas para sus padres, quienes debían gastar elevadas cuantías en la adquisición de estampitas coleccionables so pena de provocarle secuelas psíquicas al mocosete.En los colegios el efecto fue inmediato, no tardando en aparecer el clásico mercadeo de cromos, y cuya intensidad quedó reflejada en las batidas regulares a las que se veían obligados los maestros para incautar cientos de ellos.
Dentro de este fenómeno mercantilista, resultó notable la influencia de la revista "TeleIndiscreta", quien había suscrito acuerdos comerciales para la distribución de material promocional.En cuestión de meses esta publicación se convirtió en el objeto más codiciado debido a la inclusión de pegatinas, posters y reportajes entre sus páginas.Las colas y empujones en las librerías para adquirir un ejemplar fueron habituales.
La penetración social fue tal que, el día que se emitió el episodio en donde un lagarto engullía una rata viva, el país quedó en estado de shock.Desde entonces, las gominolas con forma de bichos no han abandonado los kioscos.
Para asombro de propios y extraños, la serie constaba sólo de 19 capítulos.Pocas veces se logró tanto con tan poco.Pero el tiempo pasó y este fenómeno social se quemó con tanta intensidad que, tras varios intentos y reposiciones, ha acabado arrinconado en los sótanos de la memoria.Nadie en su sano juicio se atrevería a reponerla en la actualidad (¿quizás algún canal de TV por cable olvidado?).
En resumen: Ciencia-ficción enlatada.Lagarto, lagarto.





