
Biografía de H.P. Lovecraft
© Henry Armitage

H. P. Lovecraft © Cyrus Llanfer
ÍNDICE
I. Infancia de Lovecraft: Los Padres
Howard Phillips Lovecraft nació el 20 de agosto de 1890 en Providence, capital del Estado de Rhode Island.
Hijo de Winfield Scott Lovecraft y Sarah Susan (Phillips) Lovecraft, ambos de ascendencia predominantemente inglesa. No puede decirse que tuviera suerte con sus padres. Su padre era un pretencioso viajante de comercio, que fue puesto bajo curatela por incapacidad mental cuando Howard tenía tres años, y murió de paresia cinco años después.
Resulta curioso comprobar que un autor de vida tan sencilla y poco apasionante, como es el caso de Lovecraft, ha llevado a sus amigos, admiradores y detractores a escribir acercamientos biográficos tan dispares, como los que se recogen a continuación.
Otros biógrafos, no tan benevolentes como su amigo epistolar y editor póstumo August Derleth, nos presentan una figura del padre recargando las tintas; así, para José María Aroca, "su padre era un viajante de comercio, encarcelado por estafa cuando Howard tenía tres años, y fallecido cinco años después"; para Antonio Prometeo Moyá, "Lovecraft era hijo de Windiel Scott Lovecraft, negociante, putero y sifilítico"; mientras que, en palabras de Rafael Llopis, "su padre era un viajante juerguista y mujeriego que no paraba nunca en casa debido, al menos en parte, al insoportable y neurótico puritanismo de su mujer. Cuando Lovecraft tenía tres años, su padre ingresó en un hospital psiquiátrico, donde falleció cinco años después a consecuencia de una parálisis general progresiva."
Es curioso observar que el propio Rafael Llopis, tiempo después, templara sus palabras en el amplio estudio que hace de Lovecraft, como prólogo a "Los Mitos de Cthulhu".
Un mundo de Adultos
August Derleth, se centra en perfilar con más detalle la figura de la madre: "Su madre era una muchacha, aunque atractiva, superprotegida y refinada, mal dotada para hacer frente al mundo; una mujer que, debido al fuerte impacto que produjo la enfermedad y muerte de su marido, descargó sobre el hijo todo el resentimiento que debió sentir hacia su cónyuge, intentando por todos los medios convencer a Howard de que era un chico "feo", aunque ello distaba mucho de ser cierto."
Como es de suponer, Rafael Llopis va a matizar muchos de los datos sobre la madre, con la intención de dar explicación a muchos de los contenidos temáticos de la obra de Lovecraft:
"La madre, muy neurótica ya de por sí, volcó en su hijo todos los anhelos insatisfechos y sus morbosos rencores y lo educó en el odio al sinvergüenza de su padre y de todos los hombre (que son todos iguales). También le enseñó que él era muy feo y delicado, que no era como los demás, que no debía jugar con los otros niños porque son muy brutos, que la gente es mala y estúpida, y que él era de pura estirpe británica, ajeno, por tanto, al país de salvajes asesinos y lascivos degenerados en que por desgracia les había tocado vivir. Como consecuencia, Lovecraft se crió malsanamente ligado a su madre y fue un niño asustadizo y complejoso, solitario entre mujeres - puritanas pequeñoburguesas para más inri, sumergidas en tradiciones y morales empolvadas - a quien no quedó más escape más que su tremenda fantasía."
En el estudio preliminar de "Los Mitos de Cthulhu", Llopis vuelve a insistir en la figura negativa y, a la vez, más decisiva en la formación del niño Lovecraft: "Su madre, Sarah Phillips - de la que él fue el vivo retrato -, era neurótica y volcó muchas de sus insatisfacciones en el pequeño Howard. Continuamente decía a éste que era muy feo, que no debía dar un paso lejos de sus faldas, que la gente era mala y tonta, que, como sus padres provenían de Inglaterra, él era de estirpe británica y, por tanto, ajeno al terrible país... Recibió, pues, una educación aristocrática y ramplona, de gente bien venida a menos, pero orgullosa de tradiciones. Como era de esperar, se crió medroso y superprotegido, siempre entre personas mayores, solitario, fantástico, reprimido."
"Desde muy pequeño sintió una morbosa aversión al mar, según su amigo Wandrei, a partir de una intoxicación por injerir pescado en malas condiciones. Se alimentaba preferentemente de dulces y helados y desde niño sufrió terribles pesadillas, lo que no es de extrañar, ya que, como enseña la psicología, el horror cósmico deriva de ese horror al vacío que con tanta frecuencia resulta inducido secundariamente por una educación superprotectora."
Como es de suponer, los comentarios de Antonio Prometeo Moyá sobre la madre de Lovecraft van ha ser como los del padre: "era una mujer prognata, como los reyes de la casa de Habsburgo, pero a diferencia de éstos proclive al sufragismo. En una fotografía de 1891, el niño H.P.L., vestido y peinado como una niña, aparece entre una madre de pelo recogido y mirada de institutriz histérica y un padre de ojos claros y mueca burlona que dos años más tarde sería recluido en un frenocomio. El 13 de marzo de 1919, Susan Phillips, que tocaba el piano, odiaba a su hijo y sabía francés, siguió los pasos de su marido."
De su infancia, tenemos información de primera mano, ya que el propio Lovecraft escribe: "De niño yo era muy raro y sensible, y prefería la compañía de las personas adultas. No podía apartarme un instante de cualquier hoja impresa. A los dos años aprendí el alfabeto, y a los cuatro podía leer fácilmente, aunque cometiendo los más absurdos errores al pronunciar las palabras largas, a las que era tan aficionado. A los cinco años añadía el escribir con tinta a la lista de mis hazañas. Entre mis escasos compañeros de juegos yo era muy impopular, pues insistía en que interpretásemos personajes históricos, o que jugáramos de acuerdo con un plan preestablecido. De este modo, rechazado por los seres humanos, busqué refugio en los libros..."
"A los ocho años me sentí muy interesado por las ciencias, interés provocado sin duda por las imágenes de curioso aspecto de los Instrumentos Filosóficos y Científicos del diccionario Webster. Ante todo me atrajo la química, y pronto instalé un pequeño laboratorio en el sótano de la casa. Luego vino la geografía, y sentí una curiosa fascinación por el continente antártico y otros reinos vírgenes de remotas maravillas. Al fin conocí la astronomía, y la magia de los mundos lejanos y de los inconcebibles abismos cósmicos eclipsó todo otro interés durante un largo período hasta mis doce años de edad... En esta época, casi todos mis incesantes y voluminosos escritos eran científicos y clásicos; la literatura fantástica ocupaba un lugar relativamente menor." H. P. Lovecraft.
August Derleth también va a hacer referencia a este período de la vida de Lovecraft en los siguientes términos: "De muchacho, Lovecraft llevó una vida relativamente solitaria y retraída. Le forzaron a ello, por un lado, frecuentes períodos de enfermedad y, por otro, el sentimiento posesivo de su madre. Fue un niño precoz. Pasó horas interminables en la gran biblioteca de su abuelo, Winfield V. Phillips, en cuyos estantes se alineaban también los libros de su abuela materna sobre astronomía, materia ésta por la que mostró ya desde la infancia un gran interés que culminó en los primeros años de su adolescencia con la publicación por su parte de una revista mimeografiada que llevaba por título "The Rhode Island Journal of Astronomy", y alcanzó su cenit cuando comenzó a publicar en el "Tribune" de Providence un artículo mensual sobre fenómenos astrológicos de la época.
Al ser hijo único, las circunstancias de su existencia le llevaron a vivir continuamente entre adultos - su neurótica madre, sus abuelos maternos, sus tías maternas - con quiénes permanecería la mayor parte de su vida. Su abuela murió, cuando Lovecraft tenía seis años, y su abuelo cuando ya había cumplido catorce. Su madre cayó en una crisis psíquica irreversible y murió en 1921, después de pasar dos años en el hospital Butler, dejando a Lovecraft en compañía de sus hermanas, Mrs. Franklin C. Clark y Mrs. Edward F. Gamwell, de las cuales sólo la segunda sobreviviría - cuatro años - a Lovecraft. Fue esta constante asociación con adultos la que llevó a Lovecraft a refugiarse en el mundo de su imaginación."
Este artículo se publicó en Malacadra con el título de Los Padres de Lovecraft.
Infancia de Lovecraft en comics
"Los compañeros que Lovecraft tuvo durante su adolescencia no le agradaban, y viceversa. Prefería sumergirse en los libros y, cuando participaba en juegos, le gustaba representar hechos históricos y literarios, mientras que los demás niños preferían juegos más animados y competitivos, aunque algunos colaboraron con él, cuando, a los tres años, fundó "La Agencia de detectives Providence", debido a la influencia de una serie de lecturas sobre Sherlock Holmes, Nick Carter y los dos King Brady, el joven y el viejo. La soledad, sin embargo, le resultaba natural y aceptable, y no le costó nada establecer los necesarios contactos con el mundo exterior a través de la correspondencia, al principio en su calidad de aficionado a la United Press Amateur Association, a la que pertenecía desde los catorce años, y posteriormente en forma de voluminosas cartas a otros escritores cuya obra le interesaba."
Frente a August Derleth, que era cristiano y quiso dar una interpretación cristiana a los Mitos de Cthulhu, Lovecraft siempre fue ateo. Hablando de sí mismo en tercera persona, dice el propio Lovecraft: "A pesar de que su padre era anglicano y su madre anabaptista, a pesar de que desde muy pequeño estuvo acostumbrado a los cuentecillos de rigor en un hogar religioso y en la escuela dominical, nunca creyó en la abstracta y estéril mitología cristiana que imperaba en torno suyo. En cambio fue un devoto de los cuentos de hadas y de las Mil y Una Noches, en los que tampoco creía, pero los cuales, pareciéndole tan ciertos como la Biblia, le resultaban mucho más divertidos."
A este respecto Rafael Llopis comenta: "Su afán de maravillas indica, sin embargo, que, tal vez por el ambiente en que se educó, Lovecraft, aun radicalmente ateo, siempre sintió un profundo anhelo religioso que él mismo reprimió y sublimó. Lleno de anhelos maravillosos, se dedicó desde los seis años de edad a leer libros de religiones antiguas o primitivas e incluso, como juego, a construir altares y celebrar ritos exóticos y olvidados."
"Su fantasía era, sin embargo, un arma de dos filos. Su vida no vivida se le pudría dentro, mezclada con los temores inculcados por su madre y con la morbosa ansiedad derivada de su situación, y de esta mezcla, de este auténtico brebaje de brujas, filtrado por su personalidad constitucionalmente neuropática, nacieron pesadillas infames que hechizaron el mundo de fantasía en que vivía. Desde muy pequeño tuvo sueños atroces que le hacían despertarse por la noche, bañado en sudor frío."
A los ocho años comenzó a escribir cuentos de miedo, gracias a los cuales conjuró y sublimó en parte sus terrores nocturnos. También se dio a la lectura de la literatura terrorífica y, paradójica pero dialécticamente, a la de los filósofos materialistas del siglo XVIII.
En su adolescencia nos encontramos con un Lovecraft racionalista y lógico mil por mil, enamorado del siglo XVIII, en el que veía ante todo la época dorada en que su país pertenecía aún a la corona británica. Lovecraft fue siempre un reaccionario terrible. Se sentía extraño en su siglo, soñaba que él pertenecía al pasado y que sólo por un azar monstruoso se hallaba en un presente intolerable.
Vivía de noche porque en la oscuridad nadie le veía y al fin podía sentirse libre. Entonces se atrevía incluso a salir a la calle a pasear; pero la noche era, para él sobre todo, el reino de los sueños. En la noche Lovecraft tenía sueños maravillosos, grandiosos y terribles, que él conjuraba luego por escrito, transmutando sus terrores oníricos en un goce estético que era el único de su existencia.
En resumen, el mundo imaginativo de Lovecraft fue estimulado por diversos intereses claramente definidos: las ciencias, de modo especial la Astronomía; la historia de Grecia y Roma; las Mil y Una Noches; el siglo XVIII inglés, y las tradiciones góticas. De niño, representaba leyendas griegas y romanas en las riberas del Seekouk; en los primeros años de su adolescencia escribía poesía, y a los quince ya había escrito su primer cuento "The beast in the cave", buen indicador de que, al menos en prosa, sus esfuerzos creadores se orientaban hacia la tradición de la novela gótica.
En 1908 vio publicado su primer relato, "El Alquimista". Sin embargo, transcurrieron otros siete u ocho años antes de que Lovecraft empezara a escribir narraciones que eventualmente habían de situarle en un lugar eminente entre los escritores en el campo de lo macabro.
A los veintisiete años, en 1921, empezó a publicar tímidamente alguno de sus cuentos oníricos, pero fue sobre todo a los treinta y uno cuando ocurrieron dos hechos que habrían de cambiar su vida: el fallecimiento de su madre y el descenso de su pequeña fortuna familiar por debajo del mínimo vital. Lovecraft se sintió perdido en un mundo hostil, pero reaccionó de modo positivo: se puso a trabajar como corrector del estilo de otros autores. Aquel trabajo le permitió contraer nuevas amistades, entre ellas la de Mrs. Sonia Greene, de Brooklyn, una mujer dinámica pero muy femenina, que se sintió atraída y atrajo a Lovecraft, a pesar de que tenía siete años más que él. Se casaron en 1924, pero el matrimonio fue de breve duración.
Al cabo de menos de dos años se separaron; tres años después se divorciaron legalmente. "Las necesidades económicas, aparte de las divergencias en aspiraciones y necesidades ambientales, provocaron el divorcio", escribió Lovecraft posteriormente. En realidad, la pareja no se complementaba, y Lovecraft no podía adaptarse a la responsabilidad de cuidar de una esposa (cuyos ingresos, por otra parte, eran superiores a los del propio Lovecraft, cosa que debía resultar humillante para él), ni a vivir en Brooklyn. En efecto, Lovecraft no toleraba la vida en Brooklyn, y Frank Belknap Long apunta que la salud mental de su amigo se habría visto seriamente amenazada si no hubiese regresado a Providence. Lovecraft, en su correspondencia, habla continuamente de los crepúsculos en Providence, "extraños y hermosos". Providence es para él una ciudad de "pináculos encantados y bóvedas que flotan en el aire".
Como afirma atinadamente August Derleth, "todos los episodios de la vida de Lovecraft forman un todo armónico, salvo su aventura matrimonial."
Y, en este punto, habría que recurrir nuevamente a los comentarios personales de Rafael Llopis:
"El trabajo le abrió por vez primera su panorama social, pues tuvo a la fuerza que relacionarse con gente. Sus cuentos despertaron el interés de algunos lectores, que le escribieron, y el Lovecraft hosco y misántropo se convirtió de pronto, en sus cartas, en un joven alegre y entusiasta.
De esta época data su amistad con Sonia Greene, bella, fuerte, prepotente, de senos imponentes y diez años mayor que él. No cabe duda de que ante ella Lovecraft debió de sentirse de nuevo niño asustado con necesidad de protección, es decir, de que en ella vio una imagen de su madre perdida y secretamente anhelada. En 1924 se casó con ella, pero, como suele suceder en estos matrimonios edipianos, la cosa salió mal y se separaron al poco tiempo. Tras la separación, Lovecraft se dedicó a escribir y a leer y, definitivamente amargado, se hundió de nuevo en su antigua misantropía, que en realidad nunca le había abandonado del todo."
Retorno al Hogar: Providence
Después de la separación, Lovecraft regresó a Providence y - aparte de unos cortos viajes para visitar a Henry S. Whitehead y a R.H. Barlow en Florida, y para examinar el pasado histórico en San Agustín, Nueva Orleans, Charleston, Natchez, Quebec, Boston y Filadelfia - allí permaneció el resto de su vida, relativamente corta.
Hasta su muerte, vivió con sus tías. Escribía preferentemente por la noche, echando las persianas para trabajar con luz artificial si tenía que hacerlo durante el día. No puede decirse que Lovecraft tuviera mucha fe en su obra en aquel período; se refería a ella calificándola de demasiado "comercial", y nunca dejó del todo sus trabajos de corrección para dedicarse de un modo exclusivo a la creación literaria.
El Ocaso: Últimos años
En los últimos años, su naturaleza enfermiza fue minando su salud. Su anormal sensibilidad a cualquier temperatura inferior a los 20 grados sobre cero se agudizó hasta el punto de que se sentía realmente enfermo a una temperatura de menos de 30 grados. Durante el último año de su vida, sus cartas estaban llenas de alusiones a sus malestares y dolencias. A finales de febrero de 1937 ingresó en el hospital Jane Brown Memorial, de Providence. Allí murió a primeras horas de la mañana del 15 de marzo de 1937, de cáncer intestinal complicado con la enfermedad de Bright. Fue enterrado tres días después en el panteón de su abuelo Phillips en el cementerio de Swan Point; aunque su nombre está inscrito en la columna central, ninguna lápida señala su tumba.
Lin Carter, editor y fiel seguidor de la obra de Lovecraft, escribe como prólogo a "La maldición de Sarnath", un comentario a la obra y la personalidad del autor, que titula "Adiós al País de los Sueños":
"Lovecraft no alcanzó el éxito o el verdadero reconocimiento hasta mucho después de su muerte en 1937. Exceptuando los lectores de tres o cuatro revistas populares norteamericanas, fue desconocida en el gran mundo de la literatura."
"Hoy, treinta y cuatro años más tarde, es universalmente reconocido como el más grande maestro norteamericano de lo macabro desde Poe, y uno de los mejores escritores del género que ha visto el siglo. Sus obras estuvieron muy de moda entre los intelectuales franceses; el controvertido autor británico Colin Wilson creó una de sus obras más importantes - "The Strength to Dream" -, en torno a un estudio de Lovecraft y sus escritos; por lo menos cuatro películas fueron adaptaciones (poco rigurosas) de sus historias; la radio hizo versiones de algunos de sus mejores cuentos, y un grupo popular de rock adoptó su nombre. Prácticamente todas las palabras que él escribió, incluyendo las revisiones, poemas y cartas, fueron preservadas en la dignidad de libros encuadernados, y apenas ha habido antología de misterio-ficción publicada durante los últimos veinticinco años que no incluyera al menos una historia de Lovecraft."
"En gran medida el éxito póstumo y el reconocimiento de Lovecraft es obra de un solo hombre, uno de sus más jóvenes discípulos literarios y corresponsales, August W. Derleth. Tras la muerte de su amigo, el señor Derleth y otro corresponsal de Lovecraft, Donald Wandrei, tuvieron la excelente idea de establecer una editorial con el propósito expreso de reimprimir lo mejor de la obra de H. P. Lovecraft en forma de libro. Esta firma, Arkham House, no sólo logró preservar la obra de Lovecraft, sino también editar encuadernadas las mejores obras de los escritores de la época de los Weird Tales: Clark Ashton Smith, Robert E. Howard, Seabury Quinn, E. Hoffman Price, Frank Belknap Long y otros, por no decir nada de escritores más recientes como Fritz Leiber, Ray Bradbury, Robert Bloch, y L. Sprague de Camp."
Carlo Frabetti, como prólogo a "Relatos de los mitos de Cthulhu 1" de Bruguera, escribe un pequeño ensayo titulado "La escuela de Lovecraft o la dialéctica de la ambigüedad":
"Despreciado durante mucho tiempo por la crítica oficial como un mediocre discípulo de Poe, y hoy universalmente reconocido como uno de los maestros indiscutibles de la literatura fantástica, tanto los exegetas de la ciencia-ficción como los pontífices del "realismo fantástico" y los oráculos de la cultura de la droga reclaman a Lovecraft como ilustre precursor; gnósticos, teósofos y ocultistas lo alinean en sus filas, y la escuela psicoanalítica junguiana ve en su narrativa la ilustración literaria de sus postulados. Y lo más curioso es que puede que todos tengan razón, al menos en parte."
Por otro lado, Frabetti afirma que "en la narrativa lovecraftiana abundan los elementos reaccionarios, en la medida en que refleja y fomenta determinados prejuicios (los racistas y los clasistas, por ejemplo), en la medida en que propugna solapadamente una determinada concepción ético-estética, en función de su maniqueísmo subyacente."
Rafael Llopis ha escrito unos extensos prólogos en su antología de "Los Mitos de Cthulhu" y en "El ciclo de aventuras oníricas de Randolph Carter" (ambas publicadas en Alianza Editorial). A lo largo de sus análisis, Llopis compara acertadamente la típica estructura narrativa lovecraftiana con los ritos iniciáticos y las experiencias psicodélicas; sostiene que la lectura de Lovecraft comporta una liberación de la necesidad reprimida de vivir experiencias fantásticas, por lo que su efecto es psicológicamente saludable, y que, gracias a su capacidad "evocadora de lo arquetípico", la obra de Lovecraft resulta básicamente progresiva. Afirma, además, que al manifestarse y liberarse a través del arte, se evita que esta reprimida tendencia hacia lo numinoso cristalice en mitos o en actitudes ideológicas irracionalistas, y que los cuentos de Lovecraft no comportan una evasión de la realidad puesto que no pretenden hacernos creer que lo que en ellos se narra es real.
Una de las opiniones más negativa sobre H. P. Lovecraft y su entorno familiar (ya mencionado arriba) y literario, la podemos encontrar en la Introducción, que Antonio Prometeo Moyá hace en su traducción de "Horror en el Museo y otras colaboraciones":
"Pasados algunos años de su muerte, la figura de Lovecraft se convertiría en el bastión de no poca mediocridad. En EE.UU. sería llevado en hombros por el negocio editorial, principalmente por uno de los sicofantes que más cerca estuvo de la gallina de los huevos de oro: August Derleth, poetastro, ladrón de manuscritos y explotador de falsas colaboraciones con el maestro. En Europa no le cupo mejor suerte: lejos de ser considerado más de relatos de miedo (de los más decentes del siglo XX), folicularios de todas las latitudes se lanzaron a la frugal empresa de reivindicar lo "maldito", lo "heterodoxo", lo "prohibido", dando con ello más cuenta de la propia bobaliconería que de los presuntos aspectos virtuosos del autor que nos ocupa."
Antonio P. Moyá se ocupará de no dejar títere con cabeza en la prestigiosa crítica literaria francesa y, básicamente, a desmontar una por una las afirmaciones que Jacques Bergier hace de Lovecraft:
"Su artículo sobre Lovecraft es un fárrago de inexactitudes y petulancias: que H.P.L. "sabía un número incalculable de idiomas" (casi cinco y mal), que "el psicoanálisis hallaría una gran dificultad en explicar construcciones tan coherentes como su novela "La sombra más allá del tiempo" (como si el psicoanálisis se hubiera inventado para explicar novelas), que "manejaba un inglés excelente" (cuando los mismos norteamericanos afirman que se trataba de un inglés anticuado, pedante y reiterativo), etc. A lo largo de tan escaso número de páginas, Bergier se esfuerza por hacernos creer que H.P.L. posee algo que durante decenios ha escapado a la mirada habitual; algo que no está al alcance del lector normal (una forma de insulto tan desconsiderada como otra cualquiera); sin embargo, afortunadamente, las grandes catástrofes de nuestro siglo, los avances técnicos, las maravillas de la aspirina, la leche en polvo y los viajes espaciales "quizás hayan hecho falta para comprender a Lovecraft"; tras frases tan contundentes, pasa a revelar el secreto del sumo sacerdote: la creación de "un mito que expresa la grandeza y el espanto del cosmos", lo que no es moco de pavo, si lo miramos bien. Sólo que Lucrecio ya lo había dicho dos mil años antes y, por cierto, sin ocultar el secreto entre cuentos que no descuellan precisamente por su calidad literaria."
Para terminar, habría que dejar constancia de dos extensas biografías sobre Lovecraft, que podrían en su totalidad completar todo el ámbito vital, temperamental y literario de este polémico escritor y sus no menos polémicas obras: "Lovecraft, Una Biografía", de Sprague de Camp y "Howard Phillips Lovecraft, Dreamer on the Night".
Colección de Biografías
Henry Armitage Biografía de H.P. Lovecraft: Infancia, juventud y edad adulta. Los padres de Lovecraft. Interpretaciones biográficas.
August Derleth: En The Dunwich Horror an Others el gran defensor de H.P. Lovecraft, creador de la sistematización de los Mitos de Cthulhu, discípulo, amigo personal y continuador de su obra escribió una biografía en el prólogo llamdo "H.P. Lovecraft y su obra"
Gracias a estos trabajos pudo entablar contacto con nuevos amigos, entre ellos Mrs. Sonia Greene, una mujer de Brooklyn, excelente y dinámica, epitome de la feminidad, que, aun cuando era 10 años mayor que Lovecraft, se sintió atraída y mostró un vivo interés hacia el, interés que resulto mutuo. Sigue
Voorhees: Lovecraft para adeptos avanzadosHoward Phillips Lovecraft nació el 20 de agosto de 1890 en Providence, capital del Estado de Rhode Island. Hijo de Winfield Scott Lovecraft y Sarah Susan (Phillips) Lovecraft, ambos de ascendencia predominantemente inglesa. Educado en la aristocracia , desde muy pequeño gustó de frecuentar parajes extraños y apartados, para poder dar rienda suelta a su desbordante imaginación. En esos sitios ( cuevas, arboledas alejadas, etc ) él recreaba situaciones historicas o se ensimismaba en la observación de pequeños detalles, que para el resto de la personas pasaban totalmente inadvertidos, pero que a Lovecraft fascinaban, como pararse a escuchar a las hadas del bosque, o imaginar lo que podría existir en el espacio exterior. Sigue
Tekeli-li: Por entonces todos sus desvaríos no pasaban de repetir una palabra única e insensata, de origen más que evidente: "Tekeli-li! "Resulta curioso comprobar que un autor de vida tan sencilla y poco apasionante, como es el caso de Lovecraft, ha llevado a sus amigos, admiradores y detractores a escribir acercamientos biográficos tan dispares, como los que se recogen a continuación. Sigue
Hache-Pe-Ele: Lovecraft es uno de los pocos autores de quienes puedo decir honradamente que he disfrutado con cada palabra de sus relatos. (Thomas O. Mabbot)Siempre fue ateo. Hablando de sí mismo en tercera persona, dice el propio Lovecraft: "A pesar de que su padre era anglicano y su madre anabaptista, a pesar de que desde muy pequeñoestuvo acostumbrado a los cuentecillos de rigor en un hogar religioso y en la escuela dominical, nunca creyó en la abstracta y estéril mitología cristiana que imperabaen torno suyo. En cambio fue un devoto de los cuentos de hadas y de las Mil y Una Noches, en los que tampoco creía, pero los cuales, pareciéndole tan ciertos como la Biblia,le resultaban mucho más divertidos". Sigue
Liga Lovecraftiana:Semblanza de Lovecraft, por Teobaldo MercadoHoward Phillips Lovecraft, "hado del horror inimaginable" (según la enciclopedia fantaciencia) fue una de esas figuras de la literatura injustamente ignoradas en su tiempo. Peor aún, su vida estuvo plagada de acontecimientos adversos que influyeron en su personalidad. No obstante, él logró extraer de esa miríada de dificultades la fuerza suficiente como para plasmar en papel sus ideas. Sin dudas ello resultóle complicado y es por eso que se ha creado todo un mito sobre su "locura". Sigue
The Colour Out of Cyberspace: A H.P. Lovecraft & Cthulhu Mythos Site.Largely unknown in his time, H.P. Lovecraft wrote primarily for the pulp magazines of the 1920s and 30s. His work appeared in publications like Astounding Stories, Weird Tales, and The Vagrant. Go on
Liter Area Fantástica: Jorge Óscar Rossi incluye en su página entre otras la biografía de LovecraftLa vida de Lovecraft es, en ciero sentido, tan fascinante como su obra. No precisamente porque la suya haya sido una vida aventurera. En todo caso, la aventura de Lovecraft transcurrió en su mundo interior, en su alma de soñador torturado por profundas contradicciones, en su dolor por sentirse un ser ajeno al mundo en que vivía.
Seguiremos a Rafael Llopis en su ya clasica biografía, que fuera publicada en la edición de los Mitos de Cthulhu de Alianza Editorial. Sigue
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