Piripiflautico
Sábado, 19 de Enero de 2008 a las 03:34
Como gran espectáculo, aquello para lo que fue concebida, es una bastante digna película de aventuras; épica, emotiva, entretenida (a pesar de hacerse muy larga), etc. Luego está lo de siempre: no ya que tergiverse la historia a conveniencia (eso es lo de menos), sino que el retrato de todos los ingleses sea tan burdo que al espectador le sea imposible sentir la más mínima empatía por ellos. Hay dos tipos de seres humanos en esta película: los buenos y los malos. Los escoceses campechanos, nobles, honrados y valientes, y los ingleses tiranos, crueles, mezquinos y cobardes. De hecho, más que entre escoceses e ingleses, el contraste del guion se establece entre los hombres de a pie y aquellos que tienen el poder, que gobiernan, etc. Hay alguna que otra excepción, como la del noble con remordimientos de conciencia o la piadosa princesa inglesa, pero incluso en eso cojea la película porque llegado un punto parece que hayan querido resumir a decenas de personas reales en apenas un puñado de personajes
Toda la película es tan simple y previsible como el título o como el poster, pero a Gibson hay que reconocerle una considerable habilidad para la narración, salvo quizás por su abuso de las cámaras lentas y de la épica en general, o por el ridículo momento de los culos al aire. Luego otra cosa que se criticó fue la homofobia de la película, pero yo creo que en general es que la visión del mundo de este australiano es simplemente que los hombres han de ser recios, francos y hasta algo brutos (incluso en las escenas de compañerismos se pegan entre ellos), algo que en este caso cuadra bastante bien con el ambiente en el que se desarrolla la película, todo hay que decirlo. En definitiva, no es una obra maestra, pero de vez en cuando da gusto ver una película de aventuras tan clásica y cuidada técnicamente (por la música, la fotografía, etc).