Sinopsis
La serie narra la vida cotidiana de esta peculiar familia japonesa de clase media, con sus pequeños problemas de cada día (el trabajo, las tareas de la casa, el colegio, las vacaciones, la hipoteca...) añadidos a los problemas y situaciones embarazosas en las que una y otra vez les mete su díscolo retoño.
Crítica
Puntuación del crítico9Mucha gente ha comparado esta divertida serie, de arrollador éxito en nuestro país, con "Los Simpson", y es cierto que hay muchas semejanzas entre ambas, sobre todo si utilizamos como comparación las primeras temporadas de la familia amarilla de Springfield. En ambos casos los protagonistas son una familia de clase media, normal y corriente, como tantos otros miles de familias de todo el mundo, con quienes el espectador puede sentirse identificado tanto en su comportamiento como en las situaciones que viven a diario. Ambas series tienen como principal protagonista de la mayoría de aventuras al hijo mayor, un gamberrete que continuamente pone patas arriba el mundo de los adultos con sus travesuras.
Pero Shinnosuke Nohara no es exactamente igual que Bart Simpson, carece de su lado subversivo y malintencionado. Shin-chan no tiene verdadera maldad en sus acciones, simplemente se comporta a diario tal y como es, sin dobleces ni falsas apariencias, dice en todo momento lo que piensa aunque ello entre en conflicto con los adultos, y a menudo se aprovecha de los demás en su propio beneficio... como todos sabemos que hacen muchos niños de cinco años de carne y hueso. Pero en el fondo no es mal chico, es responsable y generoso cuando quiere (en contadas ocasiones, esa es la verdad) y sabe comportarse como un buen hijo y hermano mayor cuando la situación de verdad lo requiere. Según comentaba el diario Japan Times en 1993: Shinnosuke rompe tabúes, dice aquello que parece imposible de decir y hace lo que a los demás les resulta inaceptable, presentando una realidad que todos conocemos, aunque esté muy distorsionada y exagerada.
La familia Nohara, con sus extravagancias, nos resulta incluso más cercana y real que la familia Simpson. El padre, Hiroshi, es empleado de sección de la empresa Futaba, es decir, uno más de los típicos "salaryman" japoneses que trabajan a varias horas de su casa, que está obsesionado con ascender laboralmente y que a menudo ha de acompañar a los clientes o a sus superiores a emborracharse en cualquier bar y volver a casa haciendo eses a las tantas de la madrugada. La madre, Misae, es un ama de casa que se desvive por su familia, aunque es vaga, histérica y adicta a las compras y no duda en castigar las impertinencias de su hijo a base de capones. Y la hijita pequeña, la pelirroja Himawari, que nace ya bien avanzada la serie, es un bebé adorable que sin embargo también tiene sus "secretillos" y su lado rebelde y precoz. Le vuelven loca las cosas brillantes, sobre todo las joyas (cuanto más caras mejor, nada de bisutería barata) y le apasiona coleccionar fotos de chicos guapos que recorta de las revistas de su madre.
A menudo se han lanzado críticas contra "Shin-chan" desde los sectores de siempre, que consideran que los dibujos animados son sólo para niños y que en cuanto se salen de lo que se considera apropiado para ellos hay que borrarlos de la programación. Y las críticas han venido sobre todo a cuenta de la supuesta violencia familiar que se refleja en la serie (sobre todo por parte de Misae hacia Shinnosuke y Hiroshi), las groserías de Shinnosuke (que no duda en llamar a su madre lindezas como "tabla de planchar" o "monstruo del culo gordo", y que acosa sin reparos a cualquier chica que se cruza en su camino) o las actitudes más o menos reprobables de Hiroshi (emborracharse, flirtear con sus compañeras de trabajo, etc.). Pero hay que ver todo esto dentro de su contexto, una serie de tono básicamente humorístico, que muestra ese típico humor japonés plagado de exageraciones tanto visuales como situacionales. Precisamente lo que hace esta serie es reflejar la vida normal de una familia normal desde un punto de vista de sana autocrítica, riéndose de las convenciones y de la rigidez, en ocasiones exagerada, de la sociedad japonesa, siempre a través de los ojos y la inocencia de un niño, que en el fondo lo que hace es ser él mismo y decir lo que piensa sin rodeos.
Además, los que la critican no han caído en la cuenta de que también transmite muchos valores positivos (responsabilidad, cooperación, amor por la familia, respeto a las tradiciones ) y nos permite aprender muchas cosas sobre la vida diaria en Japón y sobre su cultura tradicional (cocina, religión, fiestas típicas, costumbres cotidianas) que nos acercan un poco a un país tan atrayente y aún tan desconocido entre nosotros. Y eso creo que es muy positivo.
Sin duda, una de las mejores series de animación de los últimos diez años.
Katsuhito Kawano









