Sinopsis
Crítica
Puntuación del crítico1Schwarzenegger se apunta su último tanto como cómico lisérgico en esta payasada infantil cargada de gags estúpidos y patetismo. No obstante, lo peor de esta película no reside en su ínfima calidad, sino en la idea que transmite al espectador. Arnold, en un derroche de estupidez sin precedentes asocia el ejercicio de progenitor con el de consumidor, amparándose para ello en la irrompibilidad de las promesas paternas. De esta forma, no sólo se convierte en el prototipo del consumista fanático, sino que su hijo es la prueba viviente del lavado cerebral al que la TV somete a los churumbeles (TurboMan es un personaje televisivo).
Por otro lado este austríaco vuelve a demostrar su inutilidad como comediante (todavía hay quienes creen lo contrario) recurriendo, otra vez, al viejo truco de emparejarse con algún pichón cómico que le ayude a tirar del carro. El elegido para la ocasión es Simbad, un payaso reconvertido en actor cuyas diarreas mentales son todo un éxito al otro lado del charco, pero que aquí en Europa es el equivalente a un dolor de estómago. El combinado resultante es toda una castaña pilonga, con un Arnold haciendo el gilipollas junto a un Simbad insoportablemente odioso.
Una película bastante mala, cuyos últimos minutos de metraje son para cerrar los ojos, con un Arnie disfrazado de PowerRanger dando lo peorcito de sí mismo.
En resumen: Materialista, infantil y estúpida producción con la que Schwarzenegger intentó levantar cabeza en plena época de vacas flacas. Recomendada para anormales y quienes gusten de hacerse pajas frente al póster de Arnold.






