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| RealWimper
-- Sábado, 6 de Noviembre de 2004 a las 02:24.
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Muy buena revisión del mito de Robinson Crusoe (porque ya es un mito) aderezado con tintes más realistas en sustitución de los aires aventureros del libro. Zemeckis y Hanks nos relatan el aislamiento y la debilidad del ser humano al enfrentarse contra la naturaleza, recurriendo para ello a un protagonista que debe asumir la inutilidad de casi todos sus conocimientos de ingeniería y plantearse en consecuencia la necesidad de aprender a sobrevivir desde cero. Son valiosas las secuencias con un Hanks encarnando a nuestros antepasados neolíticos en sus primeros intentos por aprender a sobrevivir, dando así un varapalo a la prepotencia del ser humano y sus ilusiones de control. Así, vemos a un Hanks cuyas primeras reacciones son siempre viscerales, animales e irracionales. Miedo, desesperación, fuerza bruta. No obstante, la capacidad de razonar se abre camino a través del instinto permitiendo al individuo subsistir en un entorno aparentemente desolador y desesperante. El primer coco que consigue abrir es buena prueba de ello. Como también podría valer la escena del fuego en donde Hanks, emborrachado de júbilo por su primera hoguera, restalla de alegría con cánticos y gestos aparentemente ridículos. La desesperación ante una lejana luz en el horizonte, el asco que le plantea comer animales vivos, la necesidad de reciclar las ropas de un muerto. En definitiva, la fuerza de la necesidad y la supervivencia modelan a un hombre civilizado y delicado hasta hacer de él una bestia menos pudorosa, más animal, pero también más pura, en tanto que sabe apreciar los bienes más básicos de la naturaleza. El dilema de inventar amigos imaginarios o caer en la locura de la soledad es otra buena jugada que cuenta con sólidas bazas psiquiátricas. De esta forma, el balon Wilson se convierte en su único anclaje con la cordura mínima, llegando a desesperar y jugarse la vida por un objeto inanimado. La escena de Hanks lanzándose en mitad de un océano para salvar un trozo de cuero pintarrajeado debe entenderse como una metáfora del hombre lanzándose al abismo para rescatar su cordura. Es comprensible que Hanks se sume en llantos y llegue a pedirle perdón por no haberlo podido rescatar. La escena del accidente y sus posteriores conatos de ahogamiento son realmente buenas. Un poco más y el espectador acaba tragando agua imaginaria.
Por desgracia, los últimos minutos de metraje dejan que desear, perdiendo la historia algo de fuelle.
En resumen: Muy buen trabajo del duo Zemeckis-Hanks. No desmerece en absoluto.
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