El Trobador
Lunes, 20 de Junio de 2005 a las 09:08
¿Pero qué decís, capullines? ¡Si Fucker tiene toda la razón del mundo! ¿Qué gracia tiene, desde nuestro punto de vista occidental, esta película sin el añadido de los acentos regionales? Es surrealista, sí. Tiene un aire divertido, sí. Hay destellos de filosofía oriental que la hacen interesante. Y muchos golpes cómicos, de humor físico. Pero admitidlo, no se la tragaría uno tan bien (insisto, desde una perspectiva no oriental) si no fuera por el doblaje. ¿Qué vomitivo ni qué niño muerto? Anda que las vocecitas no le daban frescura a los diálogos. Eso sin tener en cuenta las múltiples expresiones del argot popular que aún los hacían más cachondos. Y que en la versión original seguro que no estaban, o que eran expresiones de humor chino que aquí no nos harían gracia, lo cual hace muy lógico un doblaje como el que se realizó (que no debería escandalizar a nadie, no es para tanto, al revés).
¿Que el doblaje parecía del Informal? ¡Pues que viva el Informal! ¿Absurdo? ¿Friki? ¿Ridículo? ¿Hay algo en el humor de esta película que NO sea absurdo, friki y ridículo? Los acentos no la dañan, la mejoran.
No os hagáis los intelectualillos, venga, que no estamos ante ninguna maravilla del séptimo arte, sino ante una desvergonzada frikada como la copa de un pino (con buenas coreografías de artes marciales, eso sí). Sólo hay que ver a la maruja, con los rulos y el cigarrillo, corriendo a lo Bugs Bunny, saltando cual ninja y estampándose contra el cartel. Ninguno de los acentos regionales supera a esa escena en ridiculez (gratuita, encima, porque ya me diréis qué sentido tiene esa persecución y tantas otras cosas de la película, que van y vienen sin ton ni son). Pero es que importa poco. En la cutrez, en la caspa divertida, está la virtud de todo el conjunto.
Por cierto, la parte de los músicos es muy espectacular y hasta poética.
Los efectos especiales son bastante de pega, cantan bastante en comparación con los niveles actuales. Pero como que da igual. No estaba yo por esos detallitos mientras la veía. Además, hay momentos en los que (siguiendo la venerable tradición oriental) se emplean de forma muy estética y casi lírica, como en la susodicha escena de los músicos.
Las actuaciones también son de las que parece que el director haya contratado a su familia y amigos para hacer de actores. Pero que nada, tú, que tampoco esto importa tres pepinos. ¿Qué estamos viendo? ¿Kung-Fu-Sion, no? Pues ya está. Relajémonos y gocemos del colocón.
En resumen: una frikada del quince que es aconsejable ir a ver con dos cervezas en el cuerpo para disfrutarla como se merece.
Objetivamente, la peli recibe (por mi parte) un 6. Subjetivamente, por lo divertida que resulta, creo que subiría mucho más, hasta un 8 o un 9.